El botellón 'mateo' se desmadra

El Ayuntamiento cree que es un hecho puntual por una mayor afluencia y confía en la presencia policial permanente para 'encauzar' el problema Vecinos de la Concordia denuncian el descontrol vivido durante las fiestas

JAVIER CAMPOS JCAMPOS@DIARIOLARIOJA.COMLOGROÑO.
Las noches de 'sanmateos' han registrado no pocos incidentes en el botellón. «Ha sido horroroso», dicen los vecinos de la Concordia. ::                         ENVIADAS POR VECINOS/
Las noches de 'sanmateos' han registrado no pocos incidentes en el botellón. «Ha sido horroroso», dicen los vecinos de la Concordia. :: ENVIADAS POR VECINOS

Charcos de orina, excrementos aquí y allá, vomitonas en los portales, destrozos dentro y fuera. La lista de efectos de la 'batalla campal' que cada noche de los pasados 'sanmateos' se registraba en el parque de la Concordia durante las horas de botellón no tiene fin. Pero sí la paciencia de los vecinos de Miguel Hernández, avenida de Bailén y General Urrutia, que ven cómo el descontrol regresa a puertas de sus casas ante la falta de respuesta municipal.

Lo cierto es que en lo que va de año la presencia policial permanente en la zona obligando a los jóvenes a concentrarse en la parte baja del citado parque, en las traseras del colegio Navarrete el Mudo lo más alejados posible de las viviendas, había solucionado parte del problema relativo a los ruidos y la suciedad ocasionadas al vecindario. Sin embargo, la mayor afluencia de público y las idas y venidas de manera intermitente de las patrullas ha provocado que los vecinos pasen de la resignación por saber que les ha tocado convivir con el conflictivo fenómeno a la desesperación más absoluta.

«Las fiestas no permiten disponer de patrullas fijas en la zona, pero sí que desde este fin de semana y como se venía haciendo desde entre febrero y marzo se volverá a la presencia policial continuada para encauzar un tema que, hasta la fecha, prácticamente no causaba problemas», explicaba ayer a Diario LA RIOJA el concejal de Interior, Miguel Sáinz, con una visión diferente a la de algunos de los afectados.

«El botellón no ha dejado de hacerse nunca, incluso pese a la orden expresa de la policía de concentrar el fenómeno en la parte más baja del parque, aunque no ha tardado mucho en volver a inundarlo todo», parecen contestar a Sáinz después de la falta de respuesta a un problema que del 14 al 23 de septiembre ha traspasado los límites de lo tolerable.

«No queremos prohibir ni regular el botellón precisamente por no consolidar una moda quizás pasajera pese al tiempo que lleva entre nosotros, ni mucho menos hablar de botellódromos como sí que han hecho en otras ciudades... Nuestra intención es alejarlo de las viviendas y lo cierto es que habitualmente no hay grandes problemas», añade Sáinz considerando la circunstancia un hecho puntual.

De cara al futuro sí que se estará vigilante en próximos días de fiesta del mismo modo que ya se piensa en una campaña de concienciación para que los jóvenes ensucien lo menos posible. Los vecinos, acostumbrados ya a las promesas, piden más control y, llegados al fondo del asunto, denuncian que la ausencia de alternativas de ocio para los jóvenes está detrás del creciente fenómeno. «¡Como madre que soy se me cae el alma a los pies al ver cómo van ellos y ellas... y cada vez más jóvenes!», lamenta una vecina.