El retiro extremeño de El Lute

El fugitivo más popular de la historia de España se ha asentado en el Valle del Jerte, donde prepara otro libroA sus 70 años, Eleuterio Sánchez disfruta de una vida tranquila

PILAR ARMEROPLASENCIA.
Eleuterio Sánchez es un enamorado del norte de Cáceres, donde se crió con su familia. ::                         ANDY SOLÉ/
Eleuterio Sánchez es un enamorado del norte de Cáceres, donde se crió con su familia. :: ANDY SOLÉ

Boney M. compuso una canción en la que relataba su historia. Los Estopa, otra. Sabina le nombra en 'Así estoy yo sin ti', cuando dice sentirse 'furtivo como el Lute cuando era el Lute...'. Vicente Aranda llevó su vida a la gran pantalla con 'El Lute, camina o revienta'. Él mismo ha plasmado su trayectoria hasta en cinco libros a los que pronto se unirá un sexto. Se trata solamente de algunos ejemplos que ponen de manifiesto la atracción que siempre ha despertado la vida de este salmantino, que fue el delincuente más popular de los años 60, especialmente famoso por su pericia a la hora de esquivar a la Guardia Civil y de fugarse de la cárcel.

El Eleuterio Sánchez Rodríguez de ahora ha vuelto en cierto modo a su pasado, al comprar una casa en Cabezabellosa, en el norte de Cáceres, donde se crió. Eso sí, a lo que se dedica ahora es a pasear y escribir, nada de las correrías de antaño. «En el fondo los hombres somos como el salmón, necesitamos volver a nuestro origen», dice el ahora escritor, que aprovecha su estancia en el pueblo del Valle del Jerte para rematar su sexto libro, 'Un paseo por la memoria'.

Cuando el Lute era el Lute vivió en Plasencia, donde su familia acabó haciéndose una casa porque la madre cayó enferma. «Nosotros éramos mercheros, nómadas que andábamos siempre de acá para allá, con nuestro servicio de reparación y construcción de enseres metálicos como farolas, tinajas... La gente era muy solidaria y por cualquier bobería que le arreglabas te daba un montón de patatas con manteca para guisarlas».

La verdad es que ahora le ocurre algo parecido en Cabezabellosa, donde Eleuterio y su mujer, Teresa, pasan largas temporadas. «A veces nos da corte pero aceptamos todo lo que nos dan por no hacer un feo. Pimientos, cerezas, cosas del huerto... No tenemos casi ni que hacer la compra y muchas veces volvemos para Huelva con el coche cargado de lo que nos regalan. La verdad es que la gente nos considera y ya tenemos muchos amigos aquí».

A algunos los conoce incluso de entonces, de cuando andaba de acá para allá por Las Hurdes, Hervás, Hoyos, Perales del Puerto, Moraleja, Gata... «Se te borran las caras con el paso del tiempo pero al final acabas acordándote de ellos», cuenta el hombre que pasó dos años en la cárcel por robar dos gallinas y al que se le condenó incluso a pena de muerte.

A sus 70 años Eleuterio Sánchez lleva una vida tranquila que poco tiene que ver con la de la ilegalidad en la que se movió durante años, empujado principalmente por el peso del hambre. «Aquello era caótico. Las cosas no estaban fáciles para nadie pero mucho menos para nosotros, los mercheros, que andábamos al final de la cola de los pobres».

Las cosas han cambiado mucho para este protagonista de la historia viva de España en todo este tiempo. La escritura y la lectura que aprendió en su tiempo de presidiario se han convertido al final en su medio de vida, igual que los estudios de Derecho que también inició entre rejas. Lo primero le reporta beneficios económicos y lo segundo, además, la posibilidad de seguir yendo de acá para allá impartiendo conferencias sobre justicia penitenciaria.

Confesiones

En Cabezabellosa, escenario que ha elegido para su descanso, está rematando su último libro, 'Un paseo por la memoria'. Su mujer le ayuda a pasarlo al ordenador porque él reconoce que es «como un elefante con los teclados, escribo solo con dos dedos y doy golpes muy fuertes. Soy de los de la Olivetti de toda la vida».

Confesiones hechas desde el Valle del Jerte, el lugar que ha elegido para descansar. Cuando no escribe aprovecha para ver los Juegos Olímpicos como buen deportista que es desde que, también en la cárcel, aprendió a sacarle rendimiento al tiempo a base de gimnasia. Ahora juega a padel, tenis y también hace marchas al aire libre por el Valle del Jerte.

«¡Con la de vueltas que he dado yo por España para acabar en Cabezabellosa! Podía haber sido cualquier otro pueblo, pero la verdad es que esta zona me encanta».

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