Un paseo por la Asturias vitivinícola

José Manuel Calleja, de cara al puente de mayo, propone saltar Rioja y descubrir la desconocida pero milenaria tradición vitícola asturiana Cazaventuras nos lleva esta semana a la 'Ruta del Vino' de Cangas del Narcea

JOSÉ MANUEL CALLEJA WWW.CAZAVENTURAS.COMCANGAS DE NARCEA.
Joaquín Fernández, director del Museo del Vino de Cangas del Narcea y bodeguero, en sus viñedos . / ALEX PIÑA/
Joaquín Fernández, director del Museo del Vino de Cangas del Narcea y bodeguero, en sus viñedos . / ALEX PIÑA

De vez en cuando saldremos de La Rioja para visitar algunos lugares de vino y contar cosas que realmente nos han llamado la atención bien por el lugar, bien por la tradición del sitio, por el proceso de elaboración, por sus gentes y por lo que transmiten. o por todo junto.

Viajamos a Asturias, a una zona vitivinícola que no mucha gente conoce y que sin embargo se está constituyendo como Ruta del Vino: Cangas del Narcea. El Concejo de Cangas se sitúa al suroeste de Asturias, en un entorno natural bellísimo entre montañas y bosques frondosos. Dentro del concejo podemos visitar la Reserva de la Biosfera de Muniellos y el Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. Una ruta que os recomiendo es 'La Ruta del Oso', que sirve de acceso a la reserva de la Biosfera y donde destacan -además del paisaje- los panales de miel «antiosos». Pero no os cuento más para que vayáis a verlos.

Tradición romana

La tradición enológica de Cangas del Narcea se remonta a la época de los romanos. No es un secreto que este país le debe mucho a este «pueblo invasor», no sólo en lo que al vino se refiere, sino a la cultura en general. En Cangas de Narcea el paisaje es abrupto, montañoso y sus inclinadas laderas están pobladas de viñedos tal como lo estaban hace 2.000 años: una pendiente muy pronunciada que dificulta mucho la elaboración de sus caldos. Visitar Cangas es remontarse al pasado y ver a sus habitantes desarrollando oficios artesanales. Una mezcla de tradición y evolución que en la viticultura se traduce en mimos a la vid para conseguir una materia prima de primera calidad.

Visitamos el Museo del Vino de la mano de Joaquín, que nos explica, ayudándose de los paneles, herramientas y elementos multimedia todos los detalles «románticos» del proceso de elaboración de los vinos de la comarca. Terminada la visita, Joaquín nos lleva a su propia bodega: ubicada en un pequeño espacio, antiguo, acogedor y decorado con herramientas en las que el paso del tiempo ha dejado su huella.

Allí elabora su propio vino; no más de 5.000 botellas que básicamente se destinan al consumo familiar y de amigos. Probar estos vinos tras haber escuchado su entusiasta explicación es una experiencia mágica, independientemente de su calidad que la tiene. Y es que predisponer a la mente es un hecho diferencial para cualquier vino. Desde allí mismo sale el 'Paseo del Vino'. Un recorrido de tan sólo 1,8 kilómetros que transcurre a la ribera del Río Luiña. Es una oportunidad fantástica de estar en comunión con la naturaleza y de observar de primera mano los viñedos.

El paseo termina muy cerca de una de las bodegas de la Ruta, Bodega del Narcea. Allí nos explican el esfuerzo de los viticultores por sacar adelante -en cooperativa- un proyecto que hoy lucha más por mantener la cultura que por el beneficio económico. La producción de todas las bodegas de la Ruta apenas llega a la de una bodega «pequeña-media» de Rioja; sin embargo, su capacidad de producción es mucho mayor.

Pronostico que poco a poco los vinos de Cangas del Narcea se irán haciendo un hueco en el corazón de los amantes del vino, si bien, para ello, deberán dar un paso al frente en lo que a su propia apreciación se refiere. Y es que, amigos asturianos, que sé que me estáis leyendo, «hay que quererse un poco más». Tenéis el lugar, el paisaje (muy pocas regiones mantienen ese sistema de cultivo), la leyenda, las uvas autóctonas y el vino. ¿Se necesita más?

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