PÁRAMOS DE MOQUETAS YERMAS

PABLO GARCÍA-MANCHAMIRA POR DÓNDE

Madrid y Barcelona tienen un 'stock' de dos millones de metros cuadrados de oficinas vacías. Tal páramo de moqueta yerma tiene casi un sentido poético por la quejumbrosa orfandad de despachos sin escribientes, por la pena negra de ese monumental hueco sin posibles hallazgos, por el estupor de la monstruosa, surrealista e inopinada cifra. Dos millones de metros cuadrados de oficinas vacías parecen, sin duda, la distancia que hay de la tierra a la luna sin chupatintas de por medio. El número de baldosas utilizadas asusta y más miedo da pensar todavía dónde estarán las manos que las colocaron a destajo, los bolsillos de los que se llevaron las comisiones y los concejales ricos que a buen seguro han florecido por el camino en el trasiego de planes y recalificaciones. Tal cúmulo de oficinas sin oficinistas apuntalan la ridícula cochambre de un país en el que sus máximos ingenieros han sido advenedizos como Matas, Camps, 'El Bigotes', el director general de Empleo de la Junta Andaluza, los hijos de Chaves, la yeguada de Bono, las gasolineras de Pepiño y, en fin, toda esta retahíla de chorizos y demagogos encabezada por el sordo vasco Iñaki Urdangarín, especialista en todo tipo de vasijas arquitectónicas, desde pisos de alquiler a palacios neoclásicos a los que tiene el buen gusto de rematar con un poco de dinero público sonsacado por ser vos quien sois. Dos millones de metros cuadrados de oficinas vacías dan para mucho, dan hasta para pensar en el negro futuro que nos aguarda por la insipidez de nuestra conformista y refractaria sociedad. Nos hundimos... y los capitanes hace tiempo que se han tirado por la borda para no soportar el ridículo escarnio de un país anestesiado que sólo piensa en clásicos.