Casi una vuelta al mundo en 377 días

Diego Ortega y Amaya Arteaga Viajeros durante un año

CÉSAR ÁLVAREZ
Diego y Amaya, en Palenque, con su mascota-talismán. ::
                         L.R./
Diego y Amaya, en Palenque, con su mascota-talismán. :: L.R.

Han recorrido Asia, Oceanía y América antes de regresar a Europa. Han viajado en avión, autobús, tren y en diferentes tipos de embarcaciones. Han pasado 377 días fuera de casa desde que allá por el ahora lejano diciembre del 2010 tomaran el avión en Barajas con destino a India. Allí comenzó una aventura que llevaban preparando muchos meses y que nació como un sueño que, poco a poco, fue haciéndose realidad y del que ya, con algunos kilos menos, están despertando.

Como Phileas Fogg, el británico que nació de la imaginación de Julio Verne, Diego Ortega y Amaya Arteaga han sido viajeros, que no turistas. Han recorrido medio mundo con un par de mochilas a las espalda. Y eso sí, varias libretas donde iban recogiendo sus experiencias, tomando notas de los sitios más recomendables y captando las imágenes más espectaculares. Buena muestra de ello ha quedado plasmado en su blog 'Los viajes del cangrejo' (http://losviajesdelcangrejo.wordpress.com/).

Atrás han quedado muchas experiencias. Desde la celebración de la Navidad y el Año Nuevo en India hasta la convivencia con otros viajeros en los hostales pasando por las largas conversaciones con Logroño a través de skype, el recorrido por la preciosa Nueva Zelanda en furgoneta, la pena por no haber podido visitar Japón para evitar los riesgos de Fukusima, el encuentro con el glamour de Los Ángeles o Las Vegas, las visitas de algunos amigos y familia durante los meses de verano aprovechando el paso de los viajeros por el Caribe, los interminables viajes en autobús por Sudamérica para conocer la espectacularidad del Machu Picchu, la inmensidad de un país como Brasil o llegar al 'fin del mundo' en la Patagonia después de haber caminado por el Perito Moreno.

Más de doce meses por el mundo les ha servido, según ellos mismos explican: «Para conocerse mucho mejor uno mismo», pero también «para descubrir pequeñas maravillas, muchas veces alejadas de los circuitos más turísticos, pero que albergan un encanto especial, precisamente porque todavía no están masificadas».

Ahora, después de recorrer buena parte del globo terráqueo, Diego y Amaya tienen problemas para elegir lo que más les ha gustado pero tienen claro que no se van a olvidar de «las playas de Tailandia, la cultura de la India y la naturaleza que han descubierto en Argentina». Mientras alimentan sus recuerdos, tratan de volver a la cruda realidad.

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