TALEGÓN, LA VOZ PRIMIGENIA

PABLO G. MANCHAFLAMENCO

Un año más la empresa 'Knet' vuelve a apostar por el arte flamenco. A pesar de la crisis y de la que está cayendo ahí fuera (es decir, encima de todos nosotros) resulta muy reconfortante que una firma volcada con las nuevas tecnologías y la esfera del 'dos punto cero' tenga la sensibilidad a flor de piel para dejarse una pasta en el apoyo y la promoción de un mundo minoritario pero tan desnudamente hermoso como es el del cante flamenco, sin ataduras y sin resquicios comerciales. El arte por el arte, que diría un clásico. A los aficionados al cante les ha llegado hondo esta apuesta jonda y el viernes llenaron el sorprendente 'Espacio Lagares' de la calle Rúa Vieja para disfrutar de lo lindo con la voz salvaje, incontenible y primigenia de Talegón de Córdoba, quien representa una especie de cantaores en vías de extinción, maestros infatigables que conocen el cante y todas sus estribaciones, que sin pavonearse dan en cada concierto una lección porque su caudal flamenco es sencillamente enciclopédico. Talegón, además, cuando canta lanza verdaderas soflamas por su garganta inmarcesible. Es un portento su voz y quizás su poderío hace que en ocasiones su timbre tape otros rasgos de su interpretación delicadamente sutiles, como ese inicio de las alegrías de Córdoba con el que llegó a conmoverme.

Cantó por soleá, aunque empezó con unos tientos tangos muy a compás marcados a fuego por El Mami, un tocaor peculiar que goza con la inusitada velocidad de sus requiebros y que es el perfecto compañero para el tsunami de Talegón. El concierto fue muy intenso y además dio la oportunidad de conocer en Logroño, y ante su público, a Kike, miembro de 'La Taba', y un excelente aficionado que nos dejó varios momentos de gran belleza. El cante es suyo porque lo siente como nadie y hubo varios instantes que me llegaron al alma.

Talegón, antes de terminar, explicó el origen de los cantes abandolaos, habló de Cayetano Muriel, aquel 'Niño de Cabra' contemporáneo de Don Antonio Chacón, el Papa del Flamenco, el zapaterito de Jerez que cambiaría para siempre el tumbo de este arte. Se despidió por bulerías e hizo disfrutar a los espectadores de lo lindo con su energía incontestable.