Un escenario de desinterés hacia los políticos fruto de su lenguaje

«Hoy hay crisis de credibilidad, confianza y liderazgo», asegura el que fue ministro portavoz de Aznar, Pío Cabanillas

J.S.LOGROÑO.

«El futuro no está en las palabras en sí, sino en la transparencia, la veracidad, el rigor y en los propios hechos». Ese territorio siempre ha sido comprometido, «pero no hay otro», afirmó ayer en San Millán José Antonio Llorente, de la firma de comunicación Llorente&Cuenca, participante en la primera mesa redonda sobre el lenguaje políticamente correcto.

En su opinión, «los ciudadanos ya no se conforman con las palabras de los políticos» y «la opinión ya no se forma simplemente por lo que diga el periódico». El poder político y el llamado cuarto poder, por tanto, «han perdido una parte importante del poder». «Un gran cambio se está produciendo en la estructura de poderes y cada vez el poder está en mayor medida en manos de los ciudadanos y son ellos los que están avanzando en las formas de influir sobre los políticos».

Muy distinta opinión a la expresada por su colega Borja Puig, pero más acorde con la del exministro de Aznar y actual director de imagen del grupo Acciona, Pío Cabanillas: «Al poder -señaló este- no le queda más remedio que adaptarse al nuevo lenguaje porque está perdiendo el control. El poder está perplejo; improvisa un lenguaje en el que no está cómodo. Hay crisis de credibilidad, confianza y liderazgo. La nueva sociedad ha hecho que el poder haya visto minadas sus bases (...). Mientras el político sigue intentando persuadir más que convencer, el ciudadano se ha convertido en protagonista activo».

Por otro lado, más académicas fueron las intervenciones de las tres profesoras participantes. Marina Fernández, de la Universidad Autónoma de Madrid, afirmó que el lenguaje de los políticos se ha plagado de «expresiones insinceras y falsa cortesía», cuando «lo bueno sería que dijeran las cosas sin ambages». Pilar Guitart, de las universidades Católica y de Virginia en Valencia, dijo que con estos malos usos «se construye una realidad ficticia» que termina siendo «una herramienta de manipulación del poder». Y Rebeca Soler, de la Universidad de Zaragoza, sacó como consecuencia de ese lenguaje de la imagen y la persuasión «un escenario de desinterés hacia lo político».