La mano derecha de Azaña

La mano derecha de Azaña

Un volumen recién editado en León, con profusión de citas e imágenes -muchas de ellas desconocidas- pone en valor, no sólo a Amós Salvador Carreras (Logroño, 1879-Madrid, 1959) sino, también, a su saga familiar. Es obra del escritor Víctor del Reguero, investigador histórico y colaborador de prensa.

¿Que cuáles fueron los motivos que embarcaron al autor en la investigación? Él mismo los explica: «Soy de Laciana, un valle de León, en el que está la mayor concentración de edificios proyectada por Amós. La mayoría son escuelas construidas entre 1910 y 1920 que diseñó como arquitecto, pero regaló a los pueblos; es decir, no cobró sus honorarios».

Cuenta Del Reguero que en una de estas escuelas, la de Orallo, una placa reconoció el mérito del arquitecto hasta que en 1936 la ignorancia de la guerra la arrancó y no fue hasta de 1979 cuando una nueva placa recordó que Amós Salvador fue el arquitecto que hizo posible que un pequeño pueblo tuviera esa preciosa escuela. «Sorprende que un personaje de la talla intelectual y personal de Amós Salvador Carreras no sea hoy conocido, pero estamos en un país y un tiempo de desmemoria, o de memoria interesada -argumenta-. Además, tenía múltiples facetas: arquitecto, político, fotógrafo, bibliófilo, ateneísta... pero en ninguna terminó de despuntar porque siempre se mantuvo en segundo plano, a la sombra de su padre, de Azaña o de quien fuera».

Sobre el poso político que sus antecedentes familiares le dejaron, destaca «un liberalismo de convicción». Como gran conocedor de la tradición familiar, en 1931 dirigió una carta a los riojanos cuando se pasó a las filas republicanas. «No lo hizo público hasta que no murió Miguel Villanueva por respeto generacional hacia él, coetáneo de su padre y el último de los históricos liberales de La Rioja. Y al dar ese paso, Amós nunca renunció a esos antecedentes sino que hizo gala de ellos».

El arquitecto riojano había sido diputado entre 1910 y 1923, pero se apartó de la política durante la dictadura de Primo de Rivera. «Amós era un vocacional de la política, que había entendido que una vez traicionada la Constitución por Alfonso XIII, el tiempo de la monarquía había pasado y que la república traería un régimen 'a la francesa' que acabara con injusticias seculares».

Fotografías de La Rioja

Durante esa época, Amós se volcó en su trabajo y en la cultura en general. «Era bibliófilo, aficionado al arte, melómano, entusiasta de la fotografía, que prac ticó toda su vida. Acudía al Ateneo desde joven, participó en la fundación de la Universidad Popular de Madrid, tenía relación con escritores, pintores, músicos. «Era más intelectual que político -argumenta el autor- Sus fotografías, hechas en placa estereoscópica, tienen un gran interés; las hay de muchas regiones de España y de algunas capitales europeas. Estamos trabajando en nuevos proyectos para el 2012, que mostrarán parte de ese tesoro y sorprenderán especialmente en La Rioja».

Como arquitecto, Amós fue austero y sencillo, reflejo de su elegancia natural. «Lo más sencillo siempre es lo más bello. No tuvo una carrera brillante, a pesar del prestigio personal. Entre sus principales hitos están los avances en la llamada 'vivienda mínima', en plena vigencia. Estaba muy concienciado con las clases humildes, para las que trabajó toda su vida, muchas veces gratis», razona Víctor del Reguero, que también desvela su participación en las construcciones de Las Hurdes cuando Alfonso XIII decidió revitalizar aquella zona olvidada.

Pero el cierre del Ateneo de Madrid y la estrecha relación con Azaña debieron ser determinantes para que regresara a la política durante la República. «Que alguien de su posición social y económica se implicara tanto, arriesgara tanto, y lo pagara tan caro, es singularmente heterodoxo. De hecho, la sanción que le impuso el franquismo (100 millones de pesetas) fue la más alta de España», explica Del Reguero.

Como diputado antes del golpe de Primo de Rivera, conforme a la corriente de la época, Amós fue 'cunero', presentándose por León, Castellón y Logroño, su distrito natal. Luego, en la Segunda República, se volvió a presentar por Logroño en 1933 y 1936.

Por lo que respecta a su gestión política, Víctor del Reguero no tiene pelos en la lengua: «Su papel como ministro de la Gobernación en el primer Gobierno del Frente Popular fue claramente mejorable. Los testimonios de políticos de la época, como Portela Valladares o Alcalá-Zamora, coinciden en ello y utilizan incluso términos durísimos. Ese gabinete tomó el poder dentro de un clima tremendo de sucesos en las calles, con un orden público incontrolado e incontrolable».

Sólo Amós tuteaba a Azaña

En cuanto a la relación que Amós Salvador mantuvo con Manuel Azaña, la investigación de Víctor del Reguero es rigurosa: «Hay quien dice que Azaña no tuvo amigos verdaderos, o que tuvo poquísimos. Desde luego, si tuvo amigos esos fueron Cipriano de Rivas Cherif, quien luego fue su cuñado, y Amós Salvador Carreras. Domenchina, el secretario de Azaña, escribió que el presidente era para todos don Manuel, excepto para dos personas: Cipriano de Rivas y Amós Salvador. Ellos le llamaban Manolo y le trataban de tú».

Los tres, Azaña, Rivas y Salvador se conocieron en el Ateneo madrileño muy jóvenes, hacia 1914, y siempre mantuvieron esa amistad. Amós patrocinó con su sueldo de diputado la aventura lírica de la revista 'La Pluma', que Azaña y Rivas editaron en los años 20, y luego también les ayudó en la revista 'España'.

«Además de tertulias en los cafés de Madrid, sobre todo en el Regina -cuenta Del Reguero- Azaña, Rivas y Salvador sufrieron los sucesos del cierre del Ateneo por orden de la dictadura de Primo de Rivera, lo que les unió cada vez más hasta hacerlos inseparables».

Exilio y regreso a España

Forzado al exilio tras la Guerra Civil, recaló en Venezuela porque su hermano Fernando, arquitecto como él, fue nombrado allí embajador. Amós estuvo muy implicado organizaciones de republicanos exiliados y realizó una notable labor de aglutinación durante los primeros años del franquismo. «Cuando comprobó que la dictadura se asentaba y que los organismos internacionales poco a poco la iban reconociendo, el deseo alentado y soñado de un regreso a España con Franco apartado del poder se truncó -analiza el escritor leonés-. Terminó llegando a la conclusión de que era mejor regresar a España, vivir lo más dignamente que se pudiera con los bienes que le quedaran tras la incautación sufrida, porque ya no podía pensar en otra cosa, dada su avanzada edad y su precaria salud».

Para Del Reguero, «Amós vivió toda su vida con gran dignidad, incluso el regreso a España, que él nunca hubiera deseado mientras existiera la dictadura». De hecho, volvió a su país para morir, como evidencian algunas cartas a Carlos Esplá, Indalecio Prieto y otros republicanos en el exilio, escritor que «son desgarradores».

Como reflexión final, el investigador leonés concluye: «Salvador Carreras dejó el poso de haberse implicado en los problemas de su tiempo, de ser consecuente con sus ideas y de llevarlas, quizá, demasiado lejos. Es una lección de patriotismo, de humanidad y de gran dignidad».

L a figura de Amós Salvador Carreras siempre ha estado eclipsada por la luz cegadora de su padre, Amós Salvador Rodrígáñez, el gran conseguidor de La Rioja y heredero natural del liberalismo sagastino. Pero, además de su notable prestigio como arquitecto, Amós Salvador Carreras fue uno de los personajes más notables del mundo de la cultura durante el primer tercio del siglo XX español, ministro de Gobernación en el primer gabinete del Frente Popular, íntimo amigo de Manuel Azaña y exiliado ilustre por medio mundo tras la Guerra Civil.

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