«Una foto no es solo bidimensional si puedes vincularla a su historia»

La experta restauradora de París afirmó ayer en Fotoconservación que su tío Henri Cartier-Bresson fue «un fotógrafo muy difícil de documentar» Anne Cartier-Bresson Fotodocumentalista

J. SAINZLOGROÑO.
Anne Cartier-Bresson, ayer en la Escuela de Diseño. ::
                             ALFREDO IGLESIAS/
Anne Cartier-Bresson, ayer en la Escuela de Diseño. :: ALFREDO IGLESIAS

Lo máximo para una experta fotodocumentalista apellidada Cartier-Bresson debe de ser enfrentarse al genial trabajo de su tío Henri. «Es un fotógrafo muy difícil de documentar porque a él no le interesaba poner fechas a sus fotos y además perdió infinidad de negativos en la guerra», afirmó ayer la directora del Taller de Restauración y de Conservación de Fotografía de la Ciudad de París.

Anne Cartier-Bresson participó ayer en la segunda jornada de la conferencia internacional Fotoconservación 2011, un foro organizado por la Casa de la Imagen que ha conseguido reunir en Logroño a una treintena de los mayores expertos mundiales en fotopatrimonio.

Se trata de una disciplina relativamente joven que tiene que ir abriendo camino para evitar una pérdida aún mayor de la que alguien ha comparado con el hundimiento del Titanic. «Es una lástima -lamenta Cartier-Bresson-, pero muchas colecciones importantes de los siglos XIX y XX se extraviaron o fueron destruidas, principalmente por negligencia. Pero, al mismo tiempo, las cosas que quedan se aprecian cada vez más, incluso hasta alcanzar precios elevadísimos, y todas se deben cuidar».

Francia tiene una dilatada experiencia en fotoconservación, no en vano la fotografía nació allí en la primera mitad del XIX. La infraestructura desplegada para salvaguardar su fotopatrimonio es un horizonte todavía muy lejano para países como España. Por eso el testimonio de esta mujer enérgica y sensible sienta cátedra en este foro de debate: «La conservación física de fotografías antiguas -sostiene- debe ser asumida por las instituciones públicas y por entidades privadas como la de cualquier otra obra de arte, que es de lo que se trata».

Su taller trabaja para la Administración parisina, para doce museos, siete bibliotecas, siete archivos y algunas agencias patrimoniales. Ella dirige un equipo de catorce personas dedicado a la búsqueda, conservación, documentación y digitalización de colecciones. En total gestionan entre ocho y diez millones de fotografías de gran fragilidad. La ciencia de la conservación-restauración de bienes culturales sobre soporte fotográfico es un campo profesional que se ha desarrollado en los últimos treinta años gracias a personas como ella.

Pero los grandes números no significarían nada si no tuvieran sentido caso por caso, foto por foto: «No se trata de preservar una imagen, por hermosa que sea, como un autorretrato de Víctor Hugo, se trata -matiza- de poder documentarla y vincularla a todos los elementos que la contextualizan. Para nosotros una imagen nunca es meramente bidimensional, no si logramos vincularla a su historia».

No es tarea fácil. Si los jóvenes, hijos de la era digital y expuestos a la sobreexplotación de imágenes, ya han olvidado que no hace muchos años existían los negativos, cómo hablar de daguerrotipos... Obviamente no todo el mundo podrá sentir como ella el valor de cada fotografía; su apellido explica por qué desde niña aprendió a ver muchas imágenes y a mirarlas desde su proceso interno. Pero Anne Cartier-Bresson está empeñada a través de su labor en «transmitir la importancia de conservarlas».

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