De Viriato a Letizia

El rey afirma que la obra muestra la contribución española a la creación «de Iberoamérica, el Mediterráneo y el mundo» La Real Academia de la Historia publica los primeros 25 tomos del Diccionario Biográfico Español

MIGUEL LORENCIMADRID.

De Viriato, pastor lusitano, a Letizia Ortiz, princesa de Asturias, el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia (RAH) acoge y da «su lugar en la historia» a todos los personajes relevantes de nuestro devenir en los últimos 2.300 años. Es una magna y ambiciosa obra en 50 tomos, con cerca de 42.000 entradas en 40.000 páginas, cuyos primeros 25 volúmenes fueron entregados ayer a los reyes en el transcurso de un acto solemne celebrado en la centenaria institución. «Es un obra de gran enseñanza y consulta que muestra cómo nuestro país ha contribuido a la configuración de España, de Iberoamérica, del Mediterráneo y del mundo», dijo el rey en un abarrotado salón de actos del RAH.

El diccionario abarca del siglo III antes de Cristo a la actualidad. Entre Antonio Abad y Jerónimo Zurita están todos los que son en nuestra historia. Los monarcas desde luego, pero también héroes populares, artistas, bailarines, compositores, guerrilleros, toreros o deportistas. De caudillos íberos como Istolacio, Indíbil, Mandonio o Viriato y los reyes godos, a Godoy, Lola Flores o Antonio Gades, pasando por Manolete, Bahamontes o Ángel Nieto, hay espacio para personajes de todas las disciplinas, artes y saberes. Se excluyó a los nacidos después de 1950, pero hay excepciones, como los príncipes de Asturias, cuyas biografías han sido redactadas por la Casa Real. No así la del rey, redactada por Vicente Palacio Atard. La decisión de incluir a todos los gobernantes y ministros del pasado y vivos, hace que la exministra de Igualdad, Bibiana Aído, sea la persona viva de menor edad entre todas las reseñadas.

Las biografías las han escrito 5.500 especialistas, españoles y extranjeros, entre los que figuran prestigiosos hispanistas como John Elliot, Stanley Payne o Joseph Pérez. Han cubierto en una intensa década de trabajo más de 40.000 páginas en 50 volúmenes de 800 páginas cada uno. Los autores de las biografías pertenecen a más de quinientas instituciones. Las más extensas ocupan hasta ocho páginas y las más sucintas no pasan de media columna.

La Academia, editora, impresora y titular de todos los derechos, quiere que más pronto que tarde esta ambiciosa y monumental obra esté a disposición de todos en Internet y sometida permanentes actualizaciones. Si prosperan las negociaciones con Esperanza Aguirre, se traducirá al inglés con financiación de la Comunidad de Madrid. En su formato en papel se ha editado solo un millar de copias que se venden al precio de 3.500 euros y, de momento, por suscripción. Se quiere que los 25 últimos volúmenes estén en manos de los suscriptores en menos de un año, según explicó el director de la RAH, y promotor de la obra Gonzalo Anes.

La RAH cumple un objetivo fundacional, ya que este diccionario es una aspiración que se remonta a la fundación de la institución en 1738. En su estatutos se reclamaba ya un 'Diccionario Histórico-Crítico Universal de España', con una parte dedicada a lo que entonces se denominaba 'varones ilustres' como proyecto único de los «trabajos literarios» que debía emprender la nueva corporación. Promovido por Gonzalo Anes, en 1999 se firmó un convenio con el entonces Ministerio de Educación y Cultura para la financiación del diccionario. El rey asumió la presidencia de honor del proyecto en agosto de 1999. Tras descartar las ofertas de distintas editoriales, la academia asumió la responsabilidad de editar, publicar y comercializar la obra. Contó con el generoso respaldo financiero de la Fundación Marcelino Botín, gracias al cual la RAH es editora de la obra y titular de sus derechos.

Por otra parte, el gran hispanista John Elliot, que firma los artículos de Felipe V y el conde duque de Olivares, cree que el diccionario es «un logro de primera magnitud» a la altura de sus colegas europeos y debe ser «un gran orgullo». «Su gran virtud no es tanto reseñar a grandes y bien conocidos personajes, sino iluminar a esas figuras de segundo orden de las que sabemos poco y que conoceremos mejor», apuntó. Para Stanley Payne, es «una de las dos obras máximas de su clase, igualada solo por el diccionario británico de Oxford».

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