LAS RAZONES DE LA DESAFECCIÓN

Una impresentable corrida de Núñez del Cuvillo desbarata la primera corrida de Morante en Madrid

PABLO GARCÍA-MANCHACRÍTICO TAURINO
Morante de la Puebla lancea a su primer astado, que se derrumba a sus pies. ::
                             EFE/
Morante de la Puebla lancea a su primer astado, que se derrumba a sus pies. :: EFE

LCuando el toreo más necesita que lo arropen y que le den la seriedad que merece una corrida de máxima expectación en Las Ventas, en pleno San Isidro y con las figuras en el cartel en esa magnífica cúspide de la curva de la admiración, llegan Curro Vázquez (apoderado de Morante) y Manuel Martínez Erice (coadjutor de Talavante y para más inri empresario del coso) y le asestan una cuchillada en la mismísima entraña; una cuchillada en forma de una corrida de 'choticabras' e impresentable aspecto de Núñez del Cuvillo, que ha tirado por los suelos el que se presumía como uno de los acontecimientos de la temporada. Algo parecido hizo Curro Vázquez el año pasado en Sevilla, por San Miguel, con aquella corrida de Zalduendo que nunca existió, y que ahora ha traspasado a Madrid con la misma cara de póker que suele poner para lo bueno y para lo malo, para la salud y para la enfermedad. El propio ganadero ha dicho que tuvo que completar su última corrida de Sevilla -la del indulto- con algún toro reseñado para ayer y que ha sido un error venir así a esta plaza. A la fiesta no sólo se la mata con prohibiciones en Cataluña, se la hiere de muerte traicionándola en fechas como las de ayer con pizpiretas e incomprensibles explicaciones. Si no hay toros, no se trae la corrida y mucho menos se completa a la baja con animalillos como el segundo de la tarde, que no era toro, que era cabra y que encabronó a los 24.000 espectadores de qué manera porque encima le hubo tocado a Morante, que a su proverbial mala suerte en los sorteos tiene que unir la desfachatez de su cuidadoso mentor, que de tanto llevarlo entre algodones le va a causar más de una rozadura en su crédito de máxima figura.

Y es que Morante causa fascinación en Las Ventas -que es su plaza- y ayer ofreció una impresión más bien flebe, con un conformismo impropio de un torero de su magnitud. Con la cabrilla tonta primera hizo bien en abreviar, pero en el cuarto se vio a un Morante poco flexible porque fue capaz de intercalar algún derechazo con ese impresionante empaque que imprime cuando se siente feliz en la cara del toro con varios trallazos impropios de la suavidad de su muleta. Se le vio agarrotado y escondiéndose muy pronto en el callejón si querer participar ni en un solo quite.

El mejor parado de la corrida fue el mexicano Arturo Saldívar, un torero joven que venía a confirmar su alternativa y que puso con su decisión lo que les faltó a sus compañeros de terna. Expuso al máximo en sus dos faenas y en la primera dejó patente su gran concepto, su enorme valor y una cierta fragilidad en su hondura. Se queda quieto como un poste y se pasa las embestidas por la faja sin mirarse. Merece la pena seguir su camino porque se adivina mucha madera de buen toreo.

Alejandro Talavante pasó desapercibido en el mejor toro de la corrida, la sardinilla tercera. Una faena menuda y sin compromiso en la que quiso tirar del toro pero que pronto se engulló la desafección de la plaza tras sentirse engañada por el sistema. En el bizco sexto se peleó a sabiendas de que el toro era un apagón en sí mismo. Talavante tampoco tuvo su día.