Sacerdote, sabio, amigo

El obispo riojano presidió la presentación en Logroño del libro sobre el que fue su vicario general apenas cinco meses, hasta su muerte prematura Javier Velasco Yeregui recibe un homenaje póstumo desde Polonia y La Rioja

J. SAINZLOGROÑO.
Presentación del libro, ayer en Ibercaja, presidida por el obispo Juan José Omella. ::
                             JONATHAN HERREROS/
Presentación del libro, ayer en Ibercaja, presidida por el obispo Juan José Omella. :: JONATHAN HERREROS

«La última vez que vi a Javier Velasco fue el 8 de septiembre de 2009, fiesta mayor de nuestro pueblo, Murillo de Río Leza. Él iba, revestido con una capa pluvial de tonos rojos, tras la imagen de la Virgen del Cortijo, la patrona, portada por cuatro murillenses, según tradición que viene desde al menos el siglo XVIII. Yo estaba en la puerta de mi casa, que fue de mis abuelos, y que se encuentra justo enfrente de la suya, que también fue de sus abuelos, en plena calle Grande (...), un espacio que nos devolvía a nuestra infancia. Le hice un ademán de saludo, sonriendo, y él me guiñó un ojo y me regaló esa sonrisa de niño pillo que le caracterizaba. Estaba realmente feliz. Nadie podía imaginar que solo unas semanas después ingresaría, muy enfermo, en el hospital San Pedro de Logroño y menos que, al poco, el 17 de noviembre, dejaría este mundo. Con 45 años».

El sacerdote riojano Javier Velasco Yeregui (Logroño, 1964-2009) fue profesor durante cinco años (entre el 2000 y el 2005) de Teología y Didáctica de la Religión de la Universidad de La Rioja (UR), miembro durante ese mismo periodo del Consejo Social del Ayuntamiento de Logroño y director desde el 2005 del Instituto Español Bíblico y Arqueológico 'Casa Santiago' de Jerusalén (Israel). En junio del 2009 fue nombrado vicario general de la Diócesis de Calahorra-La Calzada-Logroño por el obispo Juan José Omella, pero apenas pudo ejercer cinco meses al fallecer el 17 de noviembre a causa de un derrame cerebral.

Por el camino, breve pero muy intensamente recorrido, dejó profundas enseñanzas y muchos amigos, algunos de los cuales le brindan ahora un homenaje póstumo en forma de libro. La obra 'Javier Velasco Yeregui. Sacerdote, sabio, amigo', publicada por la editorial polaca Werset por iniciativa de la Cátedra de Historia y Cultura Hispánicas de la Universidad Católica 'Juan Pablo II' de Lublin (Polonia), de la que fue profesor, fue presentada ayer en el Centro Cultural Ibercaja de Logroño en el transcurso de un acto presidido por el obispo Omella, quien la describe en el prólogo como «polifonía de muchas voces con un único protagonista».

El libro reúne 16 colaboraciones de amigos y compañeros riojanos y polacos: José Luis Gómez Urdáñez (a quien corresponde el recuerdo personal mencionado aquí al comienzo), Íñigo del Val, José María Aguirre Oraá, Enrique Balmaseda y Roberto Germán, de la UR; Pablo Rey García y Pedro Rivas Nieto, de Universidad Pontificia de Salamanca; Marek Bochniak, Cezary Taracha, Joanna Kudelko, Jaceck Golebiowski, de la Universidad de Lublin; y Cristina González Caizán, de la Universidad de Varsovia; así como los sacerdotes Pedro I. Fraile y Antonio Alba; y sus amigos Jacinto San Martín, Carmen Giussani y el actual consejero Conrado Escobar.

Fe y ciencia

La publicación se completa con una segunda parte que contiene tres artículos del propio Velasco: 'El Evangelio según los no creyentes', 'Cristianos en Tierra Santa: historia y profecía' y 'Cantar y contar la Pasión después de Auschwitz', así como varias entrevistas publicadas por medios de comunicación locales. Estos tres últimos textos son ejemplo de la inquietud intelectual de un hombre de fe, pero también un hombre del conocimiento.

«Quiero leer la Biblia con tanta ciencia como fe, creo en ambas dimensiones de la vida con la misma intensidad», afirmaba en una de esas entrevistas el sacerdote que dedicó esfuerzos tanto al estudio del Antiguo Testamento como a entender las claves del Estado aconfesional.

«Tenía una vida profunda, una profunda espiritualidad y una profunda fe», recordó ayer su compañero Roberto Germán. Por su parte, el profesor polaco Cezary Taracha lo describe como «una gran persona -sacerdote y sabio- que siempre se distinguió por su cultura, su profundidad intelectual y por una extraordinaria cordialidad y amabilidad».

Sacerdote, sabio, amigo. Como señala el obispo Omella: «Estoy seguro de que el testimonio de Javier Velasco perdurará en el tiempo en el corazón de muchas personas y dará muchos frutos».

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