«¿Dónde enterraron a mi hermano?»

Los García Lahoya pensaron que el primogénito de la familia pudo ser un 'niño robado' y ahora se encuentran a la espera de recibir el legajo de aborto | El testimonio de Miguel Ángel, un logroñés en busca del verdadero pasado familiar

CARMEN NEVOT CNEVOT@DIARIOLARIOJA.COM ,LOGROÑO.
Miguel Ángel García ha parado la búsqueda de su hermano. ::                             J. MARÍN/
Miguel Ángel García ha parado la búsqueda de su hermano. :: J. MARÍN

A mediados del pasado mes de enero, cuando empezaron a salir a la luz los primeros casos de mujeres que buscaban a sus 'niños robados' y de adultos que querían saber de sus 'madres engañadas', Miguel Ángel García empezó a sospechar que el suyo podía ser uno de esos casos. Sus padres, que residen en Miranda de Ebro, siempre le habían dicho que tuvo un hermano que nació muerto.

Era julio de 1967. Su madre, María Pilar Lahoya, se puso de parto y acudió al hospital comarcal de la vecina localidad burgalesa. «Tuvo un embarazo normal, le hicieron la cesárea y de repente, sin más, le dicen que el niño ha nacido muerto». Era la palabra de un médico, Luis Calvo, y la de una comadrona, la religiosa Teresa. Nadie vio el cadáver del bebé, ni siquiera saben dónde lo enterraron.

Los testimonios de la Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares despertaron en la familia García Lahoya el ánimo de lucha y de arañar debajo de las piedras hasta saber la verdad. Aconsejado por Anadir, Miguel Ángel viajó de Logroño, donde reside desde hace más de 20 años, hasta Miranda de Ebro. En el hospital comarcal le facilitaron toda la documentación en la que figuraba que efectivamente su madre había estado ahí ingresada, le habían practicado una cesárea y una cruz sobre una casilla indicaba que su hijo había nacido muerto. Esa misma casilla en los cerca de 40 expedientes de otras tantas mujeres que pudo ver aquel día estaba en blanco. El único dato que no encontró fue dónde había sido enterrado aquel bebé.

Al haber hallado toda la información que él pensó que no iba a encontrar, sus ganas de lucha se apagaron y decidió paralizar, al menos de momento, la búsqueda de su hermano. «He tomado la decisión de no seguir buscando ni hacer nada más. Creo que si hubiese sido un caso de 'niño robado' posiblemente no aparecería siquiera en los registros», explica. Ahora está a la espera de que le llegue el legajo de aborto que solicitó hace unas semanas y cuando lo tenga en sus manos decidirá el camino a seguir.

No obstante, cree que sobre el caso de su hermano sobrevuelan algunas sombras. ¿por qué la comadrona cogió al niño y no dijo dónde lo enterró?, ¿por qué nadie vio al bebé muerto? «En aquella época -detalla- lo que decían un médico y una comadrona iba a misa».

A Miguel Ángel le queda un mal sabor de boca y recrimina a «la iglesia católica que se portara éticamente mal. Como mínimo tenían que haber dicho a la familia: 'Lo hemos enterrado en tal sitio y podéis llevarle una flor'». Para Anadir y su labor sólo tiene buenas palabras, pero que hayan salido a la luz tantas dramáticas historias de 'niños robados' «no quiere decir que todo niño que nació muerto fue luego robado», dice Miguel Ángel. Ahora se plantea si su única salida sería levantar todo el cementerio para saber si está ahí su hermano.