«En mi obra arquitectónica también existe un espacio para lo espiritual»

«Lo que quiero plasmar en cada edificio, en cada bodega, es parte de mi experiencia vital, de mi sensibilidad», asegura el arquitecto Jesús Marino Pascual Galardón de las Artes de La Rioja

PABLO GARCÍA-MANCHALOGROÑO.
El arquitecto Jesús Marino Pascual, en su estudio, ubicado en La Fombera. ::
                             JUSTO RODRÍGUEZ/
El arquitecto Jesús Marino Pascual, en su estudio, ubicado en La Fombera. :: JUSTO RODRÍGUEZ

«En mi trabajo como arquitecto también existe un espacio para lo espiritual; hay una parte obvia que es técnica, en la que tiene un peso específico importantísimo el diseño y la ingeniería, pero también es fundamental todo mi bagaje como ser humano, mi impronta intelectual, la relación que trato de establecer con el paisaje, con el entorno, con las personas... De hecho, lo que yo quiero plasmar en cada edificio, en cada bodega, es parte de mi experiencia vital, de mi sensibilidad». Así se expresa el arquitecto Jesús Marino Pascual (Liédena, Navarra, 1950), que acaba de ser distinguido con el Galardón de las Artes de La Rioja 2011.

-Una gran parte de su obra está dedicada al mundo de vino. ¿Cómo comenzó esa relación?

-Fue en la Estación Enológica de Haro. Tuve la oportunidad de participar en su remodelación y en la creación del museo. Recuerdo aquella época como fascinante, incluso viajé por otras zonas vinícolas del mundo para buscar referencias. Pero no encontré casi nada y me di cuenta de que la forma y la intensidad con la que se vive el vino en La Rioja no se puede comparar con ningún sitio. Luego apareció en mi vida Pedro Vivanco, que es un personaje extraordinario, y me encargó la construcción del Museo de la Cultura del Vino. Aquel fue un trabajo muy importante en mi trayectoria porque iba mucho más allá de una bodega, era un espacio expositivo de carácter privado pero que estaba destinado a convertirse en una referencia internacional. Con Pedro me entendía con la mirada y la relación, después, con sus hijos fue muy enriquecedora.

-Pero ahí no acaba su relación con el vino...

-Para nada. Después hice Darien, una bodega basada en los terrones de tierra de los ribazos de los viñedos, en un enclave realmente simbólico en La Rioja. Fue un trabajo de mucha investigación, como Antión, en Elciego, donde establecí la relación de la bodega a través del hormigón y el color de la piedra arenisca tan característico de la zona donde se iba a erigir. En cada uno de los trabajos me involucro con el espacio, con el paisaje, incluso con la historia. En ese sentido soy muy metódico porque cuando hablamos de arquitectura lo hacemos a sabiendas de que somos creadores de espacio, de sensaciones. En una bodega se elabora vino y cuando realizamos su diseño eso es parte capital, cuidando al máximo aspectos cruciales como es la elaboración por gravedad para evitar bombeos, para estresar al mínimo el vino. También hacemos ese diseño teniendo en cuenta algo fundamental como es el enoturismo. Las bodegas son totalmente visitables y eso hay que tenerlo en cuenta en todo el proceso. Por ejemplo, en Irius, que está a ocho kilómetros de Barbastro y que tiene como fondo los Pirineos, en un lugar surcado por carreteras, apostamos por la angulosidad, dado el terreno, y por el acero inoxidable para que brillara desde lejos.

- El Centro de la Cultura del Rioja, en pleno Casco Antiguo, supone algo así como cerrar un círculo.

- Es un proyecto que hemos ganado por concurso y que se realiza en el corazón de Logroño. He estudiado a fondo la casa de los Yanguas, su traza medieval, su historia.

- También ha trabajado en Castillos.

- Hice el Plan Director de los Castillos, una base documental sobre 41 castillos que sigue dando frutos.