El carnaval de las maravillas

LUIS JAVIER RUIZ
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                             JONATHAN HERREROS/
:: JONATHAN HERREROS

Ni la joven de provincias inocente era Betsy Blair; ni el galán engreído era José Suárez; ni, sobre todo, el director que con artesanal megáfono en mano daba gritos en la mañana de ayer a sus 'actores' era Juan Antonio Bardem. Pero el conjunto, 55 años después, sí quiso parecerse un poco al rodaje, en las calles de Logroño, de la película 'Calle Mayor'. Es lo que tiene el Carnaval, que lo mismo te encuentras por la calle a Bin Laden, Gadafi, Obama y la abeja Maya tomando copas, que la estética más tradicional y rancia de mediados del siglo pasado te golpea en la cara.

Eso fue lo que le sucedió a los cientos de logroñeses que se acercaron en la mañana de ayer hasta la Plaza del Mercado, donde la Universidad Popular y Fundación Caja Rioja prepararon su particular carnaval que acabó por convertirse en un viaje en el tiempo de 55 años.

Las exigencias no eran muchas. Sólo vestirse de la época. ¿Difícil? Apenas. Con un pequeño paseo por el fondo de armario de los abuelos era suficiente. Algo que hubiera consumido ya sus buenas dosis de naftalina.

Monjas, viudas, señoritos...

Y salvo pequeños detalles como algún zapato de marca, gorras demasiado modernas y, sobre todo, faldas tan cortas que hace medio siglo hubieran sido motivo de excomunión, la recreación cautivó a todos los presentes. «Es como un capitulo de 'Amar en tiempos revueltos'», decían los amantes de las telenovelas de sobremesa. Monjas, viudas, señoritos y señoritas con sus misales, tocados ahora horteras y entonces de 'boutique', zorros al cuello, pieles, toquillas, bigotillos de época y gabardinas en colores tan apagados como la sociedad de aquel entonces no faltaron a una cita de tres escenas.

Y así, el 'rodaje' arrancó en la Plaza del Mercado. Cuatro amigos -con más pinta de policía secreta que de 'señoritos' de provincia- entraban en escena hasta el primer encuentro de Juan con Isabel. La salida de misa y la invitación al cine y el paseo por los soportales de Logroño ya como novios completó una actuación más que meritoria en la que el peso lo llevaron los miembros del grupo de teatro de la Universidad Popular, pero arropados por casi un centenar de 'extras'.

«El único objetivo es divertirnos», decía Jesús Pérez, profesor de teatro de la UPL mientras trataba, megáfono en mano, de imponer el debido respeto que todo director se merece. «Hemos elegido las tres escenas que más juego nos podían dar y la respuesta ha sido espectacular».

Igual que lo fue, ya en sesión nocturna, con la recreación de una noche sabatina del siglo pasado. Portales arriba; Portales abajo. Saludos, miradas cómplices, toques de sombrero y alguna que otra reverencia. Es lo que tiene el carnaval, que incluso clase social se elige.

Y si de otra época fue la mañana; de otra época fue también el desfile vespertino. Mientras Godzilla, D'Artacan y Spiderman eran perseguidos por un indio y un vaquero paradójicamente aliados -todos bajo la atenta mirada de sus padres- comenzó el esperado desfile al son más tradicional: la Agrupación de Amigos de Larriba, con disfraces tradicionales a medio camino entre animal y humano y con unos cuantos cencerros.

Un inicio enigmático que, pronto, recuperó el concepto más convencional del carnaval: ritmos caribeños, mucha percusión y taza y media de confeti, baile, alegría y diversión. Porque poco más hace falta para disfrutar o participar en el desfile logroñés. Con un saco de basura y una cartulina, tenemos una botella de vino; con esa misma cartulina y un puñado de globos, un globo aerostático; y si solo tenemos la cartulina, pues nos disfrazamos de Playmobil. Imaginación a raudales, sí, pero muy bien ejecutada.

Hasta 19 agrupaciones desfilaron por las calles de Logroño y, como en botica, hubo de todo. Desde pinchos de la calle Laurel como el 'Cojonudo' al que no le faltaba ni el choricito ni la guindillita, hasta un grupo de narices, bocas, ojos y orejas que representaban a los cinco sentidos del Rioja. Y es que, para bien o para mal, el vino asume mucho protagonismo en carnaval (o es lo más sencillo, según se vea).

Y entre bailes de Barranquilla, brasileños, amigos de Bob Esponja, vikingos y franceses a caballo, japoneses, duendes, encierros, juglares... también hubo espacio para la crítica. Un grupo de voluntarios de Intermon Oxfam vestidos de Robin Hood que exigían la aprobación de la tasa que lleva el nombre del héroe y forajido inglés y que pide aplicar un impuesto del 0,05% a las transacciones financieras internacionales para combatir el cambio climático.

Un desfile largo y ameno que conoció, a las 20 horas, a sus ganadores. En comparsas el primer premio fue para 'Alicia en el Logroño de las Maravillas', del APA Siete Infantes de Lara, que presentó todos los personajes del cuento de Lewis Carroll. 'El bosque de la Duquesa', del colegio Duquesa de la Victoria se llevó el segundo premio tras 'pasear' un bosque completo por Logroño y el Centro Joven Lobote, con 'Escudería LO-B-T', fue tercero al hacer lo propio con todo un equipo de Fórmula 1 (Antonio Lobato incluído).

La mejor carroza fue 'Un barrio con duende', de la asociación de vecinos Fueclaya Yagüe, por delante de 'Fondo de bikini', del AMPA Colegio Público Villamediana de Iregua, mientras que el premio al mejor grupo fue para 'Sitiando a Logroño', que, como había sucedido por la mañana, hizo un viaje en el tiempo para recordar tiempos pasados. Eso sí, los franceses, ayer, tampoco lograron hacer suya la capital riojana. Ni en carnaval.

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