Diego Urdiales entusiasma en Bogotá

El arnedano cortó una oreja en su debut en la Santamaría y cautiva con su estilo a la prensa colombiana

PABLO GARCÍA MANCHA PGMANCHA@TOROPRENSA.COMLOGROÑO.
Diego Urdiales, en un pase de pecho a 'Centauro', el primero de su lote y al que le cortó una oreja. ::
                             EFE/
Diego Urdiales, en un pase de pecho a 'Centauro', el primero de su lote y al que le cortó una oreja. :: EFE

Diego Urdiales logró entusiasmar el domingo a los aficionados bogotanos en su presentación en la plaza de toros de la capital de Colombia: «Bastaron esos lances en que acompañó cada verónica con la cintura para que la gente le abriera el corazón. Enseguida, con esa muleta larga que no parece tener fin, sacó los olés más castizos de la plaza. Hubo transmisión con un toro al que había que llevar con paciencia, sin perder el ritmo, y Diego sabe de eso. Oreja y tarjeta en blanco. Palmas al toro».

Así comenzaba la crónica de la corrida Víctor Diusabá en el periódico 'El Espectador', una de las cabeceras más importantes de esta república hispanoamericana. Diusabá iba más allá y valoraba de esta forma la actuación del arnedano ante «un toro -el segundo de su lote- que tenía peligro sordo y con el que no se podían cometer errores. El riojano sembró en cada muletazo de tanteo para luego cosechar lo poco que podía dar la tierra. Espadazo y ovación. Al partir, la gente le reconoció el esfuerzo y le gritó ¡torero!, como lo hace sólo con los suyos».

Tampoco le regatearon elogios desde el rotativo 'El Tiempo', donde su cronista Luis Noé Ochoa describía con su florida prosa la presentación de Diego Urdiales en la Santamaría: «Diego Urdiales, como San Pedro, debutó cortando oreja a un toro de 531 kilos, al que le pegó tres verónicas quietas. Era un toro galopante, que embestía bajo. Por eso, las estupendas tandas por la derecha, largas, barriendo la arena, y una de naturales, magnífica. Una faena seria a un toro serio. Lástima que la estocada cayó desprendida, pero con ella cayó la justa oreja. El sexto, brindado a César Rincón, se llamaba 'Manchego'. Y fue un queso rancio, que ni con un Rioja pasaba. Parado o yendo de mala gana. Y con todo, a base de exponer, porfiar, dar distancias, casi corta la oreja. La tarde terminó fría. Pero al principio vimos muy buen toreo. Y toros».

Javier Baquero, del portal colombiano 'Voyalostoros.com' tampoco se quedó corto en elogios al diestro arnedano: «Con el primero de la tarde, Centauro de nombre, visó su pasaporte para las plazas nacionales, buenas verónicas ganando terreno al centro y media en la boca de riego dieron inicio a su labor con la capa. Con la muleta muy planchada citó de frente y con tandas templadas hilvano una faena interesante en la que un toreo ortodoxo fue el común denominador». En el otro portal, 'Revista de Toros', el cronista no ahorró en calificativos: «El debutante, Diego Urdiales, estuvo decidido y limpio con los lances de recibo, en su confirmación de alternativa, a un toro desatento y que tuvo actitud de manso en el caballo. Total entendimiento entre toro y torero, el comportamiento del ejemplar mejoró en la pañosa, y aunque fue encastado faltó motor; la faena fue templada, poderosa y técnica. Gran estocada, en lo alto y hasta la empuñadura».