Herencia bastarda de la gran Rusia

Racismo y xenofobia se extienden por el gigante del Este alimentados desde el Kremlin, según la oposición

RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSALMOSCÚ.
Un policía ruso lleva arrestado a un ultra durante los disturbios producidos en Moscú el 11 de diciembre. ::
                             AFP/
Un policía ruso lleva arrestado a un ultra durante los disturbios producidos en Moscú el 11 de diciembre. :: AFP

«El racismo y la xenofobia amenazan la estabilidad del Estado. La instigación del odio étnico es en nuestro país un crimen muy grave», manifestó el presidente ruso, Dmitri Medvédev, después de que la Policía antidisturbios tuviera que emplearse a fondo en una nueva jornada de violencia entre jóvenes de bandas rivales. Unos defendían ideas xenófobas y los otros eran naturales de las repúblicas del Cáucaso Norte.

El asesinato a tiros, en la noche del 5 al 6 de diciembre, de un simpatizante del Spartak, club de fútbol que acoge en su seno un amplio sector ultra, ha hecho estallar un conflicto que las autoridades no han conseguido apagar todavía. Los disparos que acabaron con la vida del hincha moscovita fueron presuntamente efectuados por un joven procedente de la república norcaucásica de Kabardino-Balkaria.

De ahí que los nacionalistas rusos se hayan lanzado a la caza de cualquiera que tenga la tez oscura. Ya no importa si son del Cáucaso Norte, de Asia Central o de cualquier otro lugar. Por su parte, los perseguidos, por lo general musulmanes, se han organizado y se han armado con pistolas neumáticas, cuchillos, barras de hierro y otros utensilios. No parecen dispuestos a dejarse amedrentar o agredir. El balance provisional de tan peligrosa confrontación es por ahora de tres muertos, el último un uzbeko de 17 años, decenas de heridos, cerca de 4.000 detenidos y numerosos daños materiales.

«Vamos a actuar con dureza contra cualquier concentración no autorizada y no permitiremos que degeneren en acciones vandálicas», ha alertado varias veces el ministro del Interior, Rashid Nurgalíev. Pero tales advertencias no logran disuadir a los beligerantes. Durante todo diciembre los altercados se han repetido, primero casi a diario, y ahora cada fin de semana en Moscú, San Petersburgo, Rostov del Don, Samara, Krasnodar y otras ciudades rusas.

Los días de mayor apoteosis violento fueron el 11 y el 15, y tuvieron como escenario el centro de la capital rusa. El sábado 18 y el domingo 19, los neonazis se juntaron en las inmediaciones de la torre de televisión de Ostánkino, en la parte norte de Moscú. Por orden del Ministerio del Interior, el dispositivo policial para prevenir los alborotos se mantendrá en estado de alerta también durante todas las fiestas de Navidad, que en Rusia se prolongan entre el día 31 y el 10 de enero.

«En Rusia conviven más de 150 nacionalidades distintas y permitir que se desboque la violencia interétnica puede conducir a algo gravísimo», asegura Konstantín von Eggert, miembro del consejo de redacción de la revista 'Pro et Contra', editada por el centro Carnegie de Moscú. Estima que «la inoperancia del poder y la corrupción han hecho que lleguemos a una situación como ésta». Von Eggert también cree que «hay fuerzas antidemocráticas interesadas en instigar tales disturbios».

Sin embargo, el dirigente liberal, Vladímir Rizhkov, que acaba de formar una coalición opositora con el campeón mundial de ajedrez, Gari Kaspárov, y los ex ministros Mijáil Kasiánov y Borís Nemtsov, culpabiliza directamente al Kremlin del actual rebrote nacionalista. Rizhkov afirma que «en su obsesión por combatir a los partidos democráticos, el Kremlin no ha dudado en echar mano de organizaciones juveniles radicales. El poder ha tenido más miedo de nosotros que de ellos».

«Rusia para los rusos»

El ideólogo del ultranacionalismo oficial es Vladislav Surkov, 'número dos' de la Administración presidencial. A él se le considera el creador de grupos como Nashi (Los nuestros) o Molodaya Gvardia (Guardia joven). Unos y otros han participado en acciones de protesta contra embajadas europeas, manifestaciones nacionalistas y acoso a periodistas y políticos prooccidentales. Gritan «Rusia para los rusos», pero, no se consideran extremistas. «No somos fascistas, somos patriotas», es otra de las consignas más coreadas.

El reportero del diario 'Kommersant', Oleg Kashin, recibió una terrible paliza después de que Molodaya Gvardia publicara en su página web un llamamiento a castigarle por «traidor» y por desprestigiar a los órganos de poder.

Borís Kagarlitski, director del Instituto de la Globalización y los Movimientos Sociales, cree que el fenómeno ultra que se observa en la Rusia actual «es consecuencia de la crisis económica, que afecta sobre todo a los más jóvenes». «Pero piensan que el origen de sus problemas son los inmigrantes y no la política del Gobierno. En sus protestas no lanzan consignas contra el poder sino contra los forasteros», subraya Kagarlitski. Según su opinión, «todo esto es un signo más de lo desorientada que está la sociedad».

Nurgalíev cifra en más de medio centenar el número de grupos extremistas y xenófobos activos en Rusia. Sus ataques se han cobrado en el 2010 cerca de cincuenta muertos y más de doscientos heridos, de acuerdo con datos divulgados por la Oficina de Derechos Humanos de Moscú. Pese a todo, la tendencia es decreciente. En el 2009, la violencia racista acabó con la vida de 75 personas y en el 2008 con 112.

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