Molinito, adiós al toro inmortal

El toro de Victorino fue indultado por Diego Urdiales en la última corrida de la Feria de San Mateo del 2007 en una tarde memorable El astado ha sido sacrificado al sufrir una rotura irreversible como consecuencia de una pelea

PABLO GARCÍA-MANCHALOGROÑO.
Molinito, adiós al toro inmortal

El toro Molinito alcanzó la inmortalidad el 21 de septiembre del 2007 gracias a la muleta de Diego Urdiales en una faena marcada por la emoción y el compás. Diego apenas toreaba por aquel entonces y se encontró con aquel toro por un cúmulo de casualidades. El torero de Arnedo sustituyó en aquella corrida a Pepín Liria y el astado de Victorino llegó a La Ribera casi de casualidad tras haber ido como sobrero a la Feria del Toro de Pamplona. Pero la plaza de Logroño se encendió desde el primer capotazo en una faena en la que se llegó a una emoción tan indescriptible e inaudita que acabó con el indulto del toro que ahora ha muerto.

Relata Victorino en su web que 'Molinito', herrado con el número 265 del guarismo 3, negro entrepelado, semental de la ganadería, «ha tenido que ser sacrificado al haber sufrido rotura irreversible de una pata como consecuencia de una pelea entre varios sementales». Diego Urdiales habló ayer mismo con el ganadero: «Se pegó muy fuerte y se hizo mucho daño, tanto es así que era imposible recuperarse. Me ha dado mucha pena porque ese toro significa mucho para mí, pero estos animales son así, duros, violentos, imprevisibles».

Victorino contó a Diario LA RIOJA que «este toro era muy especial para nosotros. Estaba tentado en el campo porque pertenece a una reata que en casa nos ha dado muy buenos productos. Sin embargo, no me gustó. Otro aspecto curioso es que fue de sobrero -cosa que casi nunca hacemos en ningún sitio- a Pamplona y no se lidió».

Molinito fue un astado excelente, precioso, bien puesto de pitones, aunque muy zancudo, con unos impresionantes cuartos traseros. Fue bravo en el caballo, empujando por derecho, con prontitud las dos veces que acudió al picador Manuel Burgos, que estuvo sensacional. Derribó en la primera y fue colocado de largo en el caballo. En banderillas, bien lidiado por El Víctor, se desplazó largo pero sin humillar, que fue su gran defecto. Sí lo hizo en el capote, pero tras el caballo nunca terminó de bajar la cara. Fue un toro exigente en la muleta pero si se estaba firme con él, obedecía siempre. Lo mejor es que al darle distancia se venía claro e imponente a los vuelos y embistió incansable y sin desmayo en una faena que hasta saber cómo iba a terminar, resultó larga y exigente. ¿Mereció el indulto? No lo sé, sinceramente creo que fue un premio excesivo. Sin embargo, este cronista, que nunca había vivido algo así, se emocionó de lo lindo. Fue curioso, pero se produjo una fascinación entre el toro y la plaza desde su salida misma hasta que regresó inmortal e indultado a los chiqueros.