La mujer que se hizo montaña

Eider Elizegi, Premio Desnivel, cuenta su conversión en trotamundos

La gente del refugio de Goûter, en el Mont Blanc, y Eider (abajo) en el balcón :: VAGAMONTAÑAS/
La gente del refugio de Goûter, en el Mont Blanc, y Eider (abajo) en el balcón :: VAGAMONTAÑAS

. Chris McCandless, un joven norteamericano que, en 1990, tras acabar la carrera universitaria, decidió alejarse de la sociedad y convertirse en errante, llevó al límite de sus consecuencias esa hermosa filosofía de vida. Una novela, 'Into de wild', de John Krakauer (conocido reportero que después contó en primera persona la tragedia del Everest de 1996), y la posterior película de Sean Penn relatan en clave de drama la odisea geográfica e interior de este personaje romántico y real. Antes de morir en Alaska, solo pero en paz, Chris justificó su decisión: «Si quieres algo en la vida, ve a por ello».

Eider Elizegi (Lasarte, 1976) conoce esa historia y reconoce cierto parecido con la suya. Pero nada más. Ella es diferente, diferente a todo, en realidad. Bióloga doctorada en biosanitaria, comenzó a correr fondo en los años en que preparaba su tesis. Luego se aficionó a la montaña. Los Pirineos. «Según el criterio de los tiempos y las dificultades -cuenta-, siempre fui y seré una corredora patética y una escaladora miedica y mediocre. Según la escala del disfrute. no quedaría tan atrás en las clasificaciones».

Para ella el deporte no es ni pasatiempo ni competición, ni siquiera un simple ejercicio físico, sino «un estilo de vida». Así que necesitaba más. En Los Alpes sintió la llamada de 'Su Montaña': «Mi Montaña me está buscando...» Pero Eider no se conformaba con subir y bajar; quería quedarse: «Quedarme en la Montaña, vivir en la Montaña sin tener que regresar a la ciudad cada domingo por la noche. Sentada en silencio en el suelo de mi casa, cerraba los ojos y veía cumbres, nieves y rocas. Y así, con suavidad, empecé a llamar a Mi Montaña».

Consiguió trabajo de camarera en el refugio de alta montaña de Goûter (a 3.817 metros), en el que suelen apiñarse decenas de alpinistas que pululan por el Mont Blanc (4.810 m.). Y allí pasó los cuatro meses de la temporada 2008 sirviendo cenas a ritmo frenético, fregando platos, haciendo desayunos, durmiendo a ratos... «Nunca me ha disgustado el trabajo duro, y las vistas desde el balcón del refugio me compensaban del cansancio», recuerda. Además tenía a sus amigos. Y tenía, por fin, Su Montaña.

Algo después recompuso por escrito la historia de esa intensa vivencia: «Ahora que ya está aquí, una energía mineral me hace vibrar llena de una vida nueva. Mi Montaña es ya parte de mí. Sangre de lava, piernas de roca, cabeza de niebla, corazón de nieve».

'Mi Montaña', Premio Desnivel de Literatura de Montaña 2010, es el relato de una enorme pasión por la vida materializada en el Mont Blanc. Pasión por las montañas en general, por la naturaleza, la tierra... Pasión por la libertad. «Sólo busco aprender de mí misma», explica con sencillez.

Algo había encontrado ya, pero el aprendizaje no termina nunca. La catarsis del gigante alpino animó a Eider: «Decidí simplificar mi vida hasta lo mineral, , soltarme de todas las necesidades superfluas y de todas las ataduras posibles, para hacerme más libre y partir hacia nuevas Montañas. Dejé mi trabajo fijo y mi piso de alquiler, regalé todos mis libros y, con mi furgoneta convertida en mi casita móvil, me volví ».

Y así vive ahora, en su furgoneta, en su viaje. Acaba de llegar de los Andes, tras seis meses en Bolivia y Perú. «No persigo nada -asegura-. Es lo que me apetece hacer ahora». Quizás le dé para nuevas historias en el futuro. Pero eso queda muy lejos. Hoy, Eider lo sabe, si quieres algo en la vida, ve a por ello.

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