Oro líquido empapado de tradición

El cultivo de la oliva en La Rioja En diez años las hectáreas de olivo en la comunidad prácticamente se han duplicado, pasando de 2.945 a 5.354

MARÍA FÉLEZ ANTONIO DÍAZ URIEL
Trabajo  tradicional. Francisco Sigüenza sigue cada noviembre realizando 'como toda la vida' la laboriosa recogida de la oliva./
Trabajo tradicional. Francisco Sigüenza sigue cada noviembre realizando 'como toda la vida' la laboriosa recogida de la oliva.

El frío de la mañana evidencia que noviembre ya ha pasado su ecuador. El queleño Francisco Sigüenza hoy va acompañado. Los olivos le esperan como lo llevan esperando cada noviembre durante décadas. Es el momento de recoger el trabajo de todo un año. La campaña de la oliva ha comenzado.

Los de Francisco son olivos tradicionales y su recogida también. Golpean los árboles y las olivas van cayendo. Las redes ya están preparadas para luego agachar el riñón e ir metiendo en cajas el fruto. El trabajo es duro. La cosecha de la oliva ha comenzado una semana más tarde que el año pasado. La sequía del año y el frío de los últimos días han determinado el tardío comienzo de una campaña que se caracteriza por traer menos cantidad de aceituna pero de mayor calidad. Se estima que la cosecha disminuirá en torno al 10% respecto al año pasado. Pese a ello, el fruto es de mejor calidad; la sequía ha favorecido que la maduración de la aceituna sea más lenta y gradual, con lo que ha desarrollado aromas y sabores más intensos y con más matices.

«Ahora todo lo que se planta nuevo es en un sistema de superproducción que permite mecanizar la recogida, pero los árboles tradicionales se tienen que seguir recogiendo», explica Francisco sin parar su trabajo. La diferencia es evidente, la misma extensión pasa de ser recogida a mano en más de una semana a hacerlo en un par de horas con maquinaria.

Luego llega el trabajo de los trujales. El de la empresa Kel consigue hacer el proceso de elaboración en poco más de una hora. El traslado de la oliva del campo al trujal se realiza en pequeñas cantidades evitando el aplastamiento de las aceitunas. Una vez en la almazara se procede a la limpieza y la selección del fruto que, mediante un sistema totalmente automatizado que transcurre a menos de 19 grados, consigue extraer el mejor aceite de la aceituna molida.

El oro líquido pasa a una bodega totalmente climatizada donde los depósitos están nitrogenados manteniendo intactas las cualidades del aceite que será embotellado para salir al mercado.

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