El Naturhouse cae en la depresión

El Ciudad de Logroño empezó muy mal, algo que se ha repetido varias veces esta liga | Los franjivino, moralmente bajos, pierden abultadamente ante un Cuenca al que le salió todo y tuvo en Da Costa y Paván a sus estrellas

MARTÍN SCHMITTCUENCA.
Rubén Garabaya lanza a portería una vez superado el entramado defensivo local. ::                             G.S./
Rubén Garabaya lanza a portería una vez superado el entramado defensivo local. :: G.S.

Hay días malos. Y otros que pueden ser mucho peores, desastrosos, en donde absolutamente nada sale como está planeado. Jornadas como la que vivió ayer un desconocido Naturhouse en Cuenca, en donde cayó abultadamente frente a un equipo que jugó concentrado y con un buen balonmano. Al Ciudad de Logroño no le salió nada, no tuvo sensaciones buenas e incurrió en los mismos errores que le han privado de varios puntos este año, como son los fallos en los lanzamientos fáciles, la mala puntería en los siete metros (Isma Juárez y Álex Dujshebaev se estrellaron contra el portero Kappelin), las pérdidas de balones y las lagunas defensivas. Y todo ante un rival de 'nuestra liga', que es lo más doloroso de esta nueva derrota de los riojanos.

El inicio del partido ya presagiaba la tragedia. Los locales salieron muy entonados y se colocaron 5-1 en menos de seis minutos. En este sentido, el Naturhouse volvió a echar de menos a Marc Amargant en la defensa, ya que los jugadores no pudieron leer los movimientos de los conquenses, con dos laterales extraordinarios como los cubanos Jorge Luis Paván y Rafael Da Costa, que clavaron entre ambos nada menos que 16 goles. Jota González intentó de todo: un 5-1, un 6-0, una mixta con un 2-4, pero no hubo forma de parar el vendaval.

Los franjivino no sabían por dónde les corría el viento en esos primeros compases, que a la postre fueron decisivos, porque los visitantes nunca llegaron a acercarse a menos de cuatro goles de distancia. Encima, en ataque estuvieron muy espesos, demasiado para un rival como el Cuenca. El agresivo 6-0 dispuesto por Zupo Equisoain fue un fuerte, en el que Corzo y Da Costa se alzaron como comandantes, inutilizando a Garabaya e interrumpiendo el circuito entre Sasha Tioumentsev y sus laterales o sus extremos. Además, el Cuenca tuvo otra cosa de la que el Naturhouse no contó: portería. Kappelin neutralizó varios avances visitantes en esos primeros minutos, mientras que tanto Gurutz Aginagalde como Gregor Lorger no corrieron con la misma suerte.

El Naturhouse consiguió algo de oxígeno a través de Javi Parra (el extremo anotó un buen 4 de 4), pero no fue suficiente. En la otra portería Da Costa, Paván y Mendoza se encargaban de perforar las redes y ampliar la diferencia entre ambos equipos y el Cuenca se marchó a los vestuarios con un merecido 17-10 a su favor. Pero lo mejor, para los locales, eran las sensaciones que estaban generando. Y para colmo de los visitantes, todos los balones divididos y todos los rechaces iban a manos de los jugadores vestidos de rojo.

En la segunda parte, el Naturhouse quiso remediar la situación, pero la concentración le duró cuatro minutos. En siete minutos, entre Markovic y Paván colocaron al Cuenca arriba con una diferencia de diez goles.

Una falsa ilusión

Y a Paco López le salió la furia del alma y se cargó el equipo a sus espaldas. En un gran parcial (de 5-1, con cuatro goles del lateral), al Naturhouse de pronto le salieron alas y empezó a soñar con una remontada. Rok Praznik arrimó el hombro también, y junto a otros goles de Paco y de Ales Silva colocaron las cosas 26-22 a falta de diez minutos.

Pero fue un espejismo. Las manos de los jugadores del Naturhouse se volvieron a untar de mantequilla, se perdieron balones absurdos, se cayó en lagunas ofensivas, hubo fallos en los lanzamientos y el Cuenca se creció ante un público tremendamente ruidoso y algo faltón (los porteros y Álex Dujshebaev, a quienes unos pocos gritaron insultos racistas, pueden dar cuenta de eso). Entre Mendoza, Paván y Da Costa (estos dos últimos encontraron verdaderas autopistas de cara a portería) dieron un puñetazo en la mesa que hizo temblar los cimientos del pabellón. En siete minutos marcaron un parcial de 6-1 a su favor para sentenciar definitivamente un encuentro en el que, salvo esos minutos de inspiración del Naturhouse (también ayudado por una dejadez defensiva local), siempre se supieron ganadores.

Encima, en los últimos minutos, y ante un equipo derrotado deportiva y moralmente, el Cuenca se dio el privilegio de gustarse. Por ejemplo, Corzo metió un caderazo impresionante y Markovic marcó un golazo a través de un acrobático fly, en el que la defensa del conjunto franjivino y Gregor Lorger no pudieron hacer nada.

Ahora queda menos de una semana para levantar la moral y desquitarse con otro gran rival, como lo será el Granollers en el Palacio.