Del Pleno y la Ordenanza Cívica

ISABEL CANO FERNÁNDEZ

Sr. Director: Sobre la ordenanza cívica que unánimemente aprobó el Pleno del Ayuntamiento, quisiera reclamar a Concha Arribas:

Querida Concha, nadie se esconde detrás de 'organizaciones'. Simplemente, nos organizamos. No obstante, me presento: Soy Isabel Cano y, como tú, soy docente. Pero, precisamente como docente, me parece indefendible decir, como te escuché, que la ordenanza, basada en prohibiciones y sanciones, es una medida educativa y en pro de la libertad.

Expongo en concreto el caso que más me preocupa como parte de esa sociedad que, sin estar en ningún partido político, hace política social.

Me preocupa que a partir de ahora se nos exija pasar otro trámite, y nada menos que por funcionarios policiales, para pegar carteles a favor, por ejemplo, de la enseñanza pública, o sobre una charla. Y además, ¿dónde los vamos a pegar si la ordenanza 'protege' los bienes públicos y privados visibles desde la vía pública? ¿Quién protege mi libertad para poner una bandera de 'No a la guerra' o la banderita del mundial? ¿Tiene un policía que aprobarme el mensaje?

También tendré que pedir permiso para recoger firmas a favor del trabajador muerto que quisieron hacer pasar por ladrón y, cómo se juzga si estoy entorpeciendo o no la vía pública.

Somos organizaciones humildes, muy humildes. Bien lo sabéis. ¿Nuestra pretensión? Crear espíritu crítico sobre temas importantes. También de eso tenéis conocimiento, aunque con mis 44 años tenga que oír que somos unos cuantos «jóvenes pintorescos». No querida Concha, somos personas cívicas que buscamos una sociedad más participativa y justa, sin necesidad de que se nos controle porque no hacemos nada malo. Al contrario.

¿Nuestro pecado? Únicamente pueden ser la independencia y pegar 50 DIN-A3 en blanco y negro de vez en cuando por la ciudad para intentar llegar a la gente, o recoger firmas.

Y tú dirás: Hay otros medios de comunicarse con el público y reivindicar cosas. Pero pregunto: ¿Cuáles? Los bolos desaparecieron y los medios rara vez nos dan voz. Entonces. ¿Qué pretende la ordenanza? ¿Acallarnos? ¿No?. Controlarnos al menos.

Por eso, donde tú ves civismo, yo no puedo evitar ver falta de libertad.

Sinceramente, si no sois capaces de cambiar contundentemente esa ordenanza en los temas de libertad de expresión y también en la criminalización de la mendicidad sin más, para mí será la prueba de que seguís la máxima politiquera de que «en el país de los lelos, el recorte de libertades da votos». Si esa es vuestra apuesta, os propongo un paso más allá: ¿qué tal aplicar la ley antiterrorista a quien atente contra la civilidad con un «Se dan clases particulares» en las farolas?

Con esperanza y preocupación: