Bengoetxea VI y Pachi Ruiz ponen la rúbrica en Logroño

El delantero de Leiza y el zaguero de Estella conquistan San Mateo tras una gran final

MIGUEL M. NAFARRATE MMNAFARRATE@DIARIOLARIOJA.COMLOGROÑO.
Felicidad de Bengoetxea VI y Ruiz. ::                             FERNANDO DÍAZ/
Felicidad de Bengoetxea VI y Ruiz. :: FERNANDO DÍAZ

Una gran final. Fue el colofón a una feria de diez días en las que los días buenos han dejado una huella tan honda que han difuminado los malos. Bengoetxea VI y Ruiz contribuyeron a hacer grande la lista de éxitos de San Mateo. Su trabajo, su esfuerzo y sufrimiento tuvo una recompensa merecida. A Irujo y Pascual les faltó un suspiro para que la final tuviera color rojo. El partido partía con la igualdad por bandera. Con los elementos que figuraban en la cancha no era difícil adivinar que el partido podría decidirse por muy poca diferencia y así fue. Incluso más de la imaginable.

Fue un 20-22 que bien pudo ser al contrario, pero que a nadie pilló por sorpresa dado el excelente momento de juego por el que atraviesan Bengoetxea VI y Ruiz, con su tercer triunfo veraniego.

El de Leiza se convirtió ayer en el rey del verano. Ganó el pulso a Barriola, que era otro de los que se postulaba como aspirante. Y Ruiz, de no ser por los fallitos cometidos en la final, aún podía haber puesto las cosas más comprometidas en las votaciones.

El superclase de Irujo trabajó con entusiasmo. Nunca le perdió la cara al partido, pero puso de manifiesto que aún dista un trecho de sus mejores momentos. No obstante se va de Logroño con mejores sensaciones de las que trajo. El Cuatro y medio es su inmediato refugio. Necesita nuevos retos y el próximo campeonato es de su gusto.

Y Pascual. El zaguero de Abárzuza no está ni al cincuenta por ciento de lo que puede dar. Llegó muy justito, pero ha salido reforzado de Logroño. Claro que sus rivales le han hecho espabilar a toda velocidad. Por momentos soltó pelotazos de vértigo, pero en otros se vio en serios compromisos.

El partido tuvo una marcha muy equilibrada. De hecho se movió, como máximo, tres arriba o tres abajo. Este dato da una idea de la concentración de los protagonistas. Se jugó a mucho ritmo y con un material muy serio, a veces demasiado.

El dinero sufrió un serio revés. Se posicionó dobles a sencillos de salida por Irujo, una postura algo temeraria, pero claro, el de Ibero había dejado en Logroño su sello en un partido anterior en el que hizo y deshizo a su antojo. Quizá por eso el agiotaje sufrió un descalabro.

Ocho empates hablan del equilibrio. Los azules mandaron la mayor parte del partido, pero también Irujo y Pascual se marcharon 15-14 y 17-16. Les faltó apuntillar. Bengoetxea le jugó a Irujo de tú a tú e incluso le ganó en algunos pasajes del partido con acciones de gran mérito como una carambola de zurda espectacular en el 17-19 y una paradita en el choco en el 19-20. Las dejadas en el rincón de zurda han sido jugadas muy utilizadas durante toda la feria aprovechándose de la amortiguación del frontis del Adarraga.

Irujo atacó sin desmayo, pero faltó potencia. La respuesta está en la fenomenal defensa del delantero de Leiza, quizá su mejor arma en Logroño, al igual que las condiciones de un frontis y un material que han encajado como un guante en las condiciones del delantero de Asegarce.

Otra vez Ruiz

Si espectaculares fueron estas acciones, no lo fue menos el hecho de ver cómo ha llegado Ruiz a los finales de los partidos. Cansado, sí, pero con las ideas claras. Ayer volvió a cerrar el partido con un tremendo pelotazo.

Para el recuerdo de sus tres intervenciones en Logroño quedan una dejada en el choco de zurda en un 22-21 ante Titín-Barriola, el gancho final del 17-21 ante Olaizola I y Apraiz y un pelotazo postrero en la final de ayer.

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