EL CHANTAJE DE FERMÍN VIOQUE

PABLO GARCÍA-MANCHAPERIODISTA

Fermín Vioque protagonizó ayer una rueda de prensa sencillamente esperpéntica en la que dijo, incluso, que él se consideraba un ser humano, padre de familia y con tres hijos. También aseguró que tenía un «compromiso moral» con el Ayuntamiento de Calahorra para que éste le ayudara a soportar las pérdidas de la feria y no aclaró ni si había pagado a los toreros de las corridas anteriores, ni tampoco desmintió que hubiera cobrado 24.000 euros correspondientes a la indemnización del seguro de la suspensión del festejo de marzo. Fermín Vioque, que arrastra una larga historia de incumplimientos en otros cosos como el de Roquetas de Mar (Almería), en el que Morante de la Puebla se marchó del mismísimo patio de caballos por no haber cobrado los honorarios pactados, utilizó la peor de las estratagemas para chantajear -así de claro- al Ayuntamiento de Calahorra, con el que había firmado un contrato público en el que como empresario se comprometía a programar y celebrar tres festejos mayores: dos corridas de toros y una de rejones. El Ayuntamiento también debía haber sido consciente en su momento de la trayectoria de Vioque y de la irrealidad que supone pedir tres festejos mayores en fiestas y que uno sea el día 31, que este año ha caído en martes y que tal y como están de decaídas la afición a los toros y las economías familiares tenían el sórdido final de la ruina como destino.

Pero todo en Vioque ha sido un desatino: no anunciar el mano a mano entre Hermoso de Mendoza y Sergio Domínguez mucho antes, cuando se sabía que el rejoneador portugués ni estaba preparado para torear ni iba a venir; el follón de las entradas sin numerar, el no pagar a los toreros los dineros pactados y esa forma de marcharse y dejar a la ciudad sin toros precisamente el día grande de las fiestas. Tengo para mí que Vioque no ha perdido ni medio euro en Calahorra, tengo para mí, y se lo dije a la cara, que se trata de un tramposo y de un verdadero antitaurino que con sus actuaciones e incumplimientos deja a esta fiesta, a la que él pisotea, a la altura del barro.