La crítica se deshace con Diego Urdiales

Los críticos pasan de destacar el valor que imprime a sus faenas a subrayar la calidad técnica y la profundidad que define su toreo Los principales diarios nacionales alaban la calidad y el toreo caro del riojano

PABLO GARCÍA MANCHA PGMANCHA@TOROPRENSA.COMBILBAO.
Un bellísimo natural de Diego Urdiales el miércoles en Bilbao con su primer Victorino, captado en tres tiempos. ::
                             CARMELO BAYO/
Un bellísimo natural de Diego Urdiales el miércoles en Bilbao con su primer Victorino, captado en tres tiempos. :: CARMELO BAYO

«Qué mérito tuvo este torerazo. (por Diego Urdiales). De oro macizo se antojó el trofeo. Sabía a recompensa grande después de brindarle el toro a Paula, que también tiene el valor tatuado en el alma y se lo planta de cara a la vida. Dejó Urdiales, firmó Diego los naturales más desgarrados de la feria. Largos, profundos, hondos. Atornillados los pies a la tierra, no importó nunca la dirección que tomara el toro, aunque fuera tardo, punto manso, aunque le costara definirse. Claro lo tuvo el diestro, y tragó, y sacó el agua del pozo, con una estética que arrancaba el olé sabiendo que no podías quitar la mirada de lo que estaba pasando en el ruedo. A cámara lenta, incitando al toro, arrancándoselo, muy encajado, asumiendo en cada envite la incertidumbre del futuro. Otro planteamiento hizo por el derecho, como de quien se mete en la cabeza el manual del toro, y se colocó cerquita para que la media arrancada le fuera suficiente para montar el muletazo. La suerte suprema resultó en sí un monumento». Con esta emoción explicaba Patricia Navarro en 'La Razón' el triunfo del diestro riojano el miércoles en Bilbao. Y no es la única, porque la totalidad de la crítica taurina española se rompió ayer con el arnedano después de lograr su tercera oreja consecutiva en Vista Alegre frente a astados de Victorino Martín, «un hito difícilmente repetible», como reconocía el cronista de 'El Correo', Alfredo Casas: «Las cuatro inteligentes y meritorias series de naturales que compusieron el cuerpo argumental del trasteo del riojano, fueron milimétricamente calibradas en la altura, profundidad y número de muletazos. Notable ejercicio de pulso. De culturista. A ritmo lento y constante. Ya saben para afinar cada músculo del cuerpo».

Zabala de la Serna en 'El Mundo' tampoco ahorraba adjetivos: «No se puede estar mejor con un toro mansote (...) desde el mismo momento que lo meció la verónica, que no fue una, sino tres, de verdadera sincronización y enganche clásico. Luego le buscó siempre el pitón contrario con la mano izquierda, se cruzó, le extrajo naturales tan meritorios como macizos. (...) Encima entendió el momento en punto de terminar y lo terminó de una estocada recta, delantera y mortal. Supo el pañuelo presidencial interpretar que allí había existido una verdad».

Cruzarse como nadie

José Luis Merino, cronista de 'El País', explicaba así la actuación del riojano: «Tragando lo indecible, cruzándose como hasta lo que llevamos de feria nadie lo ha hecho. Fue impostando pases sólidos, templados, ligados. Se tiró a matar muy decidido. Cortó una oreja ganada a ley». Luis Nieto, en 'El Diario de Sevilla' tampoco tuvo empacho alguno en reconocer la torería del arnedano: «Y el riojano, que se lució en los lances de salida, a la verónica, construyó una faena meritoria. Le dio sitio al toro y brilló con la zurda en un par de series. Dos naturales, de cintura rota y sin afectación, fueron puro almíbar. Su estocada, en la que se tiró a morir, valía por si misma la oreja que solicitó mayoritariamente el público y que otorgó la presidencia».

Jon Mujika, en 'Deia', no quiso ahorrarle ni un epíteto al torero arnedano: «El coraje, la audacia y una mano izquierda propia del sabio Salomón, sí; pero también, y sobre todo, la rebelión contra la tiranía de los incrédulos que han de ver para creer. Ayer lo vieron. A sus ojos, a los ojos de cuantos pensaban que era un cristiano arrojado a la arena para mayor gloria de los leones (léase aquí, los vitorinos...), apareció Diego Urdiales junto a un toro bronco y áspero, de embestidas cortas y derrotes de guillotina».