El padre Arnedo atiende él solo 19 localidades cameranas

El sacerdote calagurritano, de 45 años, cumple con su exceso de trabajo «con cariño, amor y con la ayuda de Dios»

J. I. G.LOGROÑO.
El sacerdote Antonio Arnedo Martínez (a la derecha), con sus parroquianos de Cabezón de Cameros. ::
                             DÍAZ URIEL/
El sacerdote Antonio Arnedo Martínez (a la derecha), con sus parroquianos de Cabezón de Cameros. :: DÍAZ URIEL

«Estoy muy contento y feliz, y no cambio este trabajo por nada». Así de contundente se muestra el sacerdote Antonio Arnedo Martínez, de 45 años, natural de Calahorra, que es párroco, desde hace diez meses, de 19 localidades serranas del Camero Viejo. A pesar de su edad, Arnedo fue ordenado sacerdote hace tan solo un año. «Tuve una vocación tardía, y le hice caso a mi madre, que me dijo que cuando ella muriera yo me hiciera sacerdote», cuenta a Diario LA RIOJA.

Antonio Arnedo actualmente es el párroco de las localidades de Trevijano, Soto, Luezas, Terroba, Treguajantes, San Román, Velilla, Ajamil, Rabanera, Hornillos, Vadillos, Valdosera, Avellaneda, Jalón, Torre, Muro, Cabezón, Laguna y Torremuña. «Muchos deshabitados en invierno, otros con poquita gente... Pero en verano algunos se llenan», señala. «Conozco a todos los vecinos y sé de donde son, lo que no recuerdo, a veces, son sus nombres», explica

Acudir a todos y cada uno de los pueblos le supone un gran esfuerzo, pero asegura desempeñar este trabajo «con cariño, amor y con ayuda de Dios». Los sábados acude a seis de los pueblos; y los domingos y festivos, a siete «en donde celebro las misas».

Con sentido del humor, el sacerdote niega que el celebrar tanta misa y tomar, por lo tanto, tantas veces al día 'la sangre de Cristo' le suponga algún problema de elevada tasa de alcoholemia a la hora de desplazarse en su pequeño Renault Twingo. «Le echo muy poquito al cáliz. Soy de los que bebe mucha agua».

En lo que se refiere al problema de la crisis de vocaciones, vuelve a recurrir al buen humor: «El Señor puso doce y mira donde hemos llegado. Es cosa del Señor. Él sabrá lo que hace».