La vid desplaza los cultivos tradicionales y crece más del 25 por ciento en 18 años

Sólo el olivo, con un incremento del 331% en el mismo periodo, imita la tendencia del viñedo y gana superficie de cultivo

LUIS JAVIER RUIZLOGROÑO.
Sólo la superficie destinada a viñedos y olivares ha crecido en los últimos 18 años. El resto de cultivos registran descensos que oscilan entre el 0,6% de los frutos secos y el 81,3% de las leguminosas. ::                             E.D.R./
Sólo la superficie destinada a viñedos y olivares ha crecido en los últimos 18 años. El resto de cultivos registran descensos que oscilan entre el 0,6% de los frutos secos y el 81,3% de las leguminosas. :: E.D.R.

El campo riojano es cada vez más uniforme, más monótono, más monocolor. Si hace apenas 18 años un paseo por el agro regional deparaba un paisaje en el que, con predominio del cereal y el viñedo, la variedad corría a cargo de las plantaciones de patatas, hortalizas o frutales, hoy la tendencia se acerca más al monocultivo que al policultivo tradicional: sólo dos cultivos han visto aumentada su masa forestal desde el año 1990: la vid, que ha crecido el 25,8% pasando de las 35.167 hectáreas de 1990 a las 44.230 del 2008, y el olivar, que ha pasado de 1.180 hectáreas a 5.086, lo que representa un incremento del 331%. El cereal, con casi 57.000 hectáreas, sigue siendo el cultivo con mayor superficie, seguido del viñedo, los frutos secos (9.942 hectáreas) y las hortalizas y el olivar.

Esos son los datos de un estudio elaborado por los servicios técnicos de la Unión de Agricultores y Ganaderos de La Rioja (UAGR), que constatan que el agricultor riojano, en las últimas dos décadas, se ha especializado, ha abandonado el policultivo tradicional y ha apostado claramente por los cultivos que mayor margen de beneficio tienen.

Ángel Palacios, técnico de la Unión de Agricultores, explica gráficamente lo que ha pasado en estos 18 años: «El agricultor ha puesto todos los huevos en la misma cesta». Una cesta que, por otra parte, apenas cuenta ya con espacio libre. Desde la UAGR se asegura que la superficie que el agricultor riojano destina al cultivo de la uva roza ya el máximo asumible, algo que también se puede trasladar a los olivares, donde el límite se situaría entre las 7.000 y las 9.000 hectáreas.

Varios son los factores que explican una tendencia que, lejos de mitigarse dada la cercanía a esos 'techos técnicos', se consolida en el tiempo y amenaza con acentuar aún más esa nueva y uniforme configuración del agro regional.

El que más peso tiene es el de la rentabilidad económica. Así, las campañas en las que los precios de la uva y la aceituna se multiplicaron se convirtieron en el acicate necesario para reconfigurar el campo. Junto a ello, «el agricultor ha optado por subirse al tractor», apunta Palacios destacando que, además del factor económico, en la decisión final del productor juega un papel fundamental la tecnificación del cultivo descartándose aquellos en los que la mano de obra es más exigente.

Más superficie en barbecho

Junto a esa progresiva y consolidada tendencia hacia el monocultivo, el futuro del campo riojano también se enfrenta al cada vez mayor número de hectáreas en barbecho. En los 18 años analizados en el estudio, casi 11.000 hectáreas han desaparecido de las estadísticas de la producción agraria pasando de las 18.768 que no se cultivaban en 1990 a las 29.418 yermas desde el 2008. La falta de relevo generacional y el abandono de los cultivos menos mecanizados son causas de este aumento.

En el lado contrario de la balanza se sitúa el resto de los cultivos. Ninguno gana terreno y las pérdidas de superficie son especialmente notorias, por ejemplo, en las leguminosas (-81,3%), en la patata (-74,2%), en las hortalizas (-65,4%) e incluso en los frutales (-36,1%).

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