¿Es el Estado autonómico perjudicial para la economía?

A propósito de la vinculación del Estado de las Autonomías a la crisis económica, el autor afirma que España es «un país en que las épocas de centralismo han coincidido con las de mayor miseria y desigualdad»

PABLO SIMÓNPROFESOR DEL DEPARTAMENTO DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD POMPEU FABRA
¿Es el Estado autonómico perjudicial para la economía?

A propósito del muy relevante tema de cómo salir de la crisis económica, hay un argumento que ha ido cobrando fuerza en los medios de comunicación, espoleado particularmente por el partido neo-centralista UPyD. La idea es que parte de la culpa de la crisis la tiene el despilfarro y la burocracia generada por el Estado Autonómico y, por lo tanto, que la recentralización de competencias y recursos en la administración central sería algo positivo para superarla. Sin embargo, la evidencia no avala esta tesis y muestra hasta qué punto hay más prejuicios que razones en estos argumentos.

En primer lugar, el argumento de la recentralización es un argumento regresivo en comparación con nuestro entorno. La mayoría de países europeos están avanzando hacia una mayor descentralización, como es el caso de Italia, Reino Unido o incluso la antaño muy centralizada Francia. ¿Cómo es posible que se dé tal dinámica de modo coordinado en casi toda Europa? ¿Todos están equivocados? Lo cierto es que estas reformas evolucionan en la línea de lo certificado por la OCDE y el Banco Mundial. En un entorno de economía globalizada pero con tejidos productivos regionalmente concentrados, cuanta más autonomía y flexibilidad tengan los países, mejor podrán aprovechar las oportunidades para la exportación o innovación. Y justamente los riojanos sabemos lo que se puede hacer con un gobierno autonómico para la promoción internacional de nuestra producción agrícola e industrial. No es extraño que justamente las mayores potencias industriales sean países descentralizados, tales como Alemania, EEUU, o incluso entren los emergentes, como India o Brasil. Si fuera una rémora para el crecimiento, ¿no tenderían a centralizarse?

Pero vayamos al caso de España. Un argumento muy recurrente es que no hay correspondencia entre el presupuesto administrado por las autonomías (35%) y el de funcionarios a su cargo (50%), por lo que habría despilfarro. El dato es cierto, pero propongo mirar las cifras más de cerca. Si se descompone el tipo de funcionarios de las CCAA se da la curiosa situación de que el 76% de ellos son docentes no universitarios y médicos, con otro 5% de jueces y policías. Es lógico, por tanto, que haya más funcionarios que gasto, porque las competencias de sanidad y educación se llevan el bocado del león, no porque las autonomías despilfarren. A menos que se quiera reducir los médicos y maestros en España, algo que no recomiendo, estando como estamos en 3,2 médicos por mil habitante (puesto 30, detrás de Portugal o Grecia) y 6.487 docentes por mil habitantes (puesto 71, todavía peor). De hecho, la carga de la prueba siempre se coloca en las autonomías, que se supone malgastan más que la administración central. Es curioso que se diga que hay órganos duplicados por las regiones que deberían desaparecer y nadie repare que ministerios como Vivienda, Cultura o Medio Ambiente están casi vacíos de competencias. ¿No sería lógico que fuera la administración central la que los suprimiera para evitar estas 'duplicidades'?

Un último argumento también recurrente es el de que las autonomías, con su exceso de normativas, ponen en peligro la unidad de mercado. Este argumento es difícil de sostener por varias razones. Primero, porque no toda la normativa autonómica tiene por qué afectar a regulaciones de mercado. Segundo, porque regular el mercado no tiene por qué ser nocivo para la economía. Y tercero y crucial; ¿Alguien se cree que en un área económica común como es la UE, con casi plena potestad sobre mercados y la competencia, se toleraría que las autonomías rompieran la unidad comercial?

Es evidente que hay que hacer un esfuerzo para mayor coordinación entre niveles de gobierno y transparencia de las administraciones. Es evidente que hay fallos que deben corregirse. Nadie puede negarlo. Pero no hay nada más peligroso para este debate que ponerse las gafas ideológicas de una determinada concepción de España para cargar contra el Estado Autonómico. Lo conveniente es cargarse de razones y no de prejuicios. Muy en especial en un país en que las épocas de centralismo han coincidido con las de mayor miseria y desigualdad.