La selección española llega a Sudáfrica dispuesta a que su fútbol le conduzca, por primera vez, a un título mundial

Los jugadores son muy optimistas pero saben que las dificultades serán máximas

JON AGIRIANO ENVIADO ESPECIALJOHANNESBURGO.
A por todas. España llega a Sudáfrica convencida de que hará un buen papel. ::
                             REUTERS/
A por todas. España llega a Sudáfrica convencida de que hará un buen papel. :: REUTERS

Ha sido la última en llegar y su gran ilusión es ser la última en irse. Tras un vuelo nocturno de más de diez horas, España ya está en Sudáfrica, donde esta misma tarde dará comienzo una Copa del Mundo en la que la selección de Vicente del Bosque pretende hacer historia. Ni más, ni menos. La exigencia es máxima y hay que celebrarlo. Porque viajar a un Mundial en busca de la gloria no deja de ser un privilegio que sólo está al alcance de esos pocos elegidos que llevan décadas conformando la aristocracia del fútbol. España ha sido la última selección en incorporarse, con voz y voto, a ese selecto grupo de potencias que se reparten los cetros y las coronas. Lo hizo en la pasada Eurocopa con una victoria inolvidable.

A partir de entonces, todo cambió. En Viena quedaron enterrados los fantasmas de un equipo que viajaba a los grandes torneos sacando pecho en las portadas y luego regresaba con un monigote de papel pegado en la espalda y el país entero gritándole inocente, inocente. A España, en fin, siempre le pasaba algo malo hasta que, hace dos años, le pasó lo mejor que le puede pasar a un equipo: ganar dando un magnífico espectáculo. Es lo que quiere repetir en Sudáfrica, un grandioso país con once lenguas oficiales, tres capitales, cinco climas y un santo laico llamado Nelson Mandela, el padre de la patria.

Nadie discute la condición de favorita de España, que no puede llegar al Mundial 2010 mejor avalada. Desde que salió del sarcófago en el viejo Prater, sólo ha perdido un partido -en la pasada Copa Confederación ante Estados Unidos-, ha completado una fase de clasificación sin mácula y se ha impuesto con autoridad a selecciones como Francia, Inglaterra o Argentina. Y no sólo eso: 'La Roja' se ha convertido en una referencia mundial por su estilo de juego, algo de lo que ninguna otra selección puede alardear en este momento. Es probable que Juanma Lillo exagerase un poco cuando dijo aquello de que «España juega a lo que quiere y las demás selecciones, a lo que pueden», pero su sentencia tenía un fondo de razón.

En este sentido, se puede decir que a Vicente del Bosque y a sus chicos se les plantea en Sudáfrica un segundo reto subsidiario al de la victoria final el próximo 11 de julio en Johannesburgo: el de continuar deslumbrando con su fútbol y ser recordada por ello. Seguro que a los resultadistas más sarracenos este objetivo les parece una melonada, pero la realidad es que la historia de los Mundiales está llena de selecciones que quedaron para siempre en la memoria -mucho más que algunas ganadoras, por cierto- sin necesidad de levantar el título: el Brasil de 1950 o 1982, la Hungría de 1954, la Portugal de 1966, la Holanda de 1974, la Francia de 1982 o 1986... Si la fortuna no acompaña y el título no es posible, que al menos quede el consuelo de ingresar en esa nómina ilustre de derrotados de leyenda.

Un Copa única

La Copa del Mundo que intentará conquistar España presenta una serie de peculiaridades que la hacen única. Por primera vez va a jugarse en África, un continente herido y humillado que tiene en el fútbol uno de sus grandes alientos de vida. Pocos dudan de que el ambiente en los diez estadios del Mundial será impresionante; incluso excesivo si se tiene en cuenta el ruido ensordecedor de las 'vuvuzelas', las tradicionales trompetas sudafricanas. Por primera vez también desde Argentina 1978, se va a jugar en invierno, lo que en principio se antoja una ventaja para las selecciones de climas más fríos. Y por primera vez desde México 1986, muchos partidos van a disputarse a una altitud considerable. Johannesburgo, el epicentro del torneo, está, por ejemplo, a 1.750 metros. De ahí que un buen número de selecciones se hayan entrenado en altura -España lo hizo en Innsbruck y Francia en el glaciar de Tignes- o hayan utilizado cámaras hipobáricas durante las concentraciones de las últimas semanas.

Cuando se piensa en la aventura española en este Mundial, la primera fase del torneo se observa como un trámite, un papeleo de oficina. Ante Suiza, Chile y Honduras se trata, sencillamente, de poner el sello en el pasaporte para los octavos, es decir, para los partidos a vida o muerte, para la Copa (del Mundo) propiamente dicha. Seguro que la cosa no será tan fácil. Y es que en los Mundiales no se conocen los caminos de rosas. Y menos para las grandes favoritas, a las que sus rivales esperan conjuradas para morir en el empeño de hacer el partido de sus vidas. De modo que habrá que esmerarse desde el debut, el próximo miércoles en Durban ante Suiza. Pese a todo, sería absurdo no situar a 'La Roja' en los cruces y, a partir de ahí, imaginar el camino a la final. Vicente del Bosque ya lo ha hecho: Portugal en octavos, Italia en cuartos, Argentina en semifinales, y Brasil en la gran final.

Sean o no estos los rivales, las dificultades serán máximas. Eso está garantizado. Las diferencias son muy pequeñas entre los más grandes, un grupo que a su vez parece tener dos escalones. En el primero estarían, junto a España, Brasil, Argentina e Inglaterra. En el segundo, Italia, Alemania, Holanda, Portugal y alguna de las africanas, la que mejor responda. No hace falta decir que, entre estos equipos y a un partido, cualquier cosa es posible en el fútbol. La selección nacional lo comprobó en sus carnes durante la pasada Copa Confederación. De hecho, entonces ni siquiera perdió frente a una de las selecciones de postín sino ante unos chicos fuertes y correosos que parecían salidos de West Point.

Aquella sorprendente derrota ante Estados Unidos no pudo ser más instructiva. Y es que, con los matices que se quiera, el partido que le plantearon los yanquis a España es el que le van a plantear casi todos sus rivales. A 'La Roja' nadie le discute el balón, ni siquiera Brasil. Todas van a jugarle a la espera, intentando ponerle minas por todo el campo para impedir su endiablada circulación de pelota y buscando la fortuna en alguna contra. A este respecto, se podría establecer un paralelismo muy ilustrativo. Si España viene a ser como el Barça de Guardiola, varios de sus rivales en el Mundial pueden ser como el Inter de Mourinho.

Plan A y plan B

La cuestión, por tanto, será no dejarse sorprender, algo que la selección nacional sólo puede hacer de una manera: rozando la excelencia en su juego de toque y en la presión sobre la pelota. La realidad es que España se impone a sí misma -y hay que agradecérselo- la máxima exigencia posible en lo futbolístico y en lo estético. No hay otro camino más difícil ni más bello para ganar que aquel por el que transita el combinado nacional. La gran responsabilidad, por tanto, volverá a recaer en los grandes violinistas de la selección, comenzando por Xavi Hernández, que viene a ser como la clave de bóveda de la catedral de Vicente del Bosque. Si los pequeños están bien afinados y los defensas y el portero les acompañan mostrándose tan firmes y solventes como en la pasada Eurocopa, España llegará muy lejos a poco que la suerte -siempre un factor determinante en estos torneos- no le sea muy esquiva.

Vicente del Bosque lo sabe. Pero sabe también que existe una gran diferencia entre defender una idea con convicción e inmolarse con ella por obcecación. Dicho de otro modo: el técnico salmantino sabe que necesita un plan B por si falla el A. En ese B, España buscaría un fútbol algo más vertical y con un mayor protagonismo de los extremos. Futbolistas como Navas, Mata, Pedrito, Llorente o Javi Martínez podrían encontrar ahí su hueco en una selección sobre la que flota la duda del rendimiento que podrán ofrecer tres futbolistas básicos: Iniesta, Cesc y Fernando Torres.

Lo cierto es que muy pocas selecciones del mundo resistirían la baja o la palidez de tres cracks de semejante calibre, lo que habla mucho y bien de la fortaleza de España. Habrá que ver lo que dan de sí. Los dos primeros ya han tenido minutos y quizá lleguen frescos. Lo del delantero del Liverpool se antoja más preocupante. Sin un 9 demoledor no hay forma de hacer historia y Torres va a llegar justísimo. Pero peor sería que no hubiera podido llegar, como les va a suceder a algunos grandes jugadores -Drogba, Essien, Río Ferdinand, Nani, etc.- que se han roto en los últimos días y no podrán desentrañar los misterios del 'jabulani', ese artefacto mágico que esta tarde, observado por medio mundo, se pondrá a rodar en Johannesburgo.

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