Lo justo y lo necesario

El tiempo se comportó y no deslució un evento marcado de nuevo por la sobriedad y la emoción de los premiados El acto institucional del Día de La Rioja prescindió, por segundo año consecutivo, del vino de honor

M. J. GONZÁLEZSAN MILLÁN.
Los bailes regionales no podían faltar en la celebración del Día de La Rioja. ::
                             J. R./
Los bailes regionales no podían faltar en la celebración del Día de La Rioja. :: J. R.

Por segundo año consecutivo, los actos centrales de la celebración del Día de La Rioja prescindieron del tradicional ágape que se ofrecía años atrás en el claustro a su término. Ni el país ni la región están para gastos innecesarios, así que todo el mundo asumió el recorte con naturalidad, trasladándose los grupos a los bares colindantes al cenobio.

No fue el único gesto de austeridad. Varios miembros del Consejo de Gobierno se desplazaron juntos hasta San Millán de la Cogolla en una monovolumen oficial de la Comunidad y otros (por ejemplo, la vicepresidenta Aránzazu Vallejo o el consejero de Vivienda y Obras Públicas, Antonino Burgos) se trasladaron en sus coches particulares.

En cuanto al acto en sí -que condujo la periodista de Radio Rioja-Cadena SER, Teresa Alonso-, hubo pocas novedades. El patio lucía abarrotado y eso que las nubes presagiaban lo peor. De hecho, minutos antes de que arrancase el acto comenzó a lloviznar y los paraguas se fueron abriendo. Pero, finalmente, el cielo concedió una tregua y el resto del evento se desarrolló con total normalidad.

El delegado territorial de la ONCE en La Rioja, Andrés Martínez, dejó boquiabiertos a los presentes con un discurso memorizado en el que no mostró ningún titubeo, mientras el fundador, actor y director de 'La Garnacha Teatro', Vicente Cuadrado, finalizó su intervención con un: «¡Salud!».

El momento más emotivo, sin embargo, lo regaló María Orío, hija del empresario José Pedro Orío. Glosó la figura de un hombre tierno, amante de los toros, de La Rioja, del mar y de su familia. Y en un momento determinado se le hizo un nudo en la garganta, pero el público (representantes de toda la sociedad civil, política, económica y social de la región) le lanzó un capote aplaudiéndole y dándole tiempo para reponerse.

Tras el discurso del presidente riojano, Pedro Sanz, la Orquesta Sinfónica de La Rioja interpretó los himnos de La Rioja y de España, como paso previo al breve recital de un trío compuesto por oboe, violín y violoncelo. El grupo de danzas de Nieves Sáinz de Aja cerró la fiesta con la Jota Campesina.

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