LANDISMO SIN CENSURA

JOSU EGUREN

Con la boca grande, Nacho G. Velilla y sus guionistas pueden autoproclamarse como los nuevos reyes de la comedia española, los éxitos les avalan. Desde la televisión, '7 vidas' y 'Aida', dieron el salto a la gran pantalla con 'Fuera de carta', arrastrando a toda esa masa de telespectadores heredera de aquellos que sintonizan los sábados por la tarde con 'Cine de barrio'. Estoy convencido de que si el difunto, y hasta reivindicable, Pedro Lazaga dispusiese de los medios que maneja el director de 'Que se mueran los feos', el trono de la taquilla popular volvería a manos de uno de los padres espirituales de la comedia ibérica rancia. Los tiempos habrán cambiado, pero en lo sustantivo la película es una variación del 'landismo', sin censuras, bronceada por la fotografía de David Omedes y con Javier Cámara y Carmen Machi reinterpretando los roles que otro tiempo hubiesen llevado la firma de Lina Morgan y Alfredo Landa. Lo curioso es que si durante el franquismo la españolada era en cierta medida revista esperpéntica que trazaba conexiones involuntarias con el realismo social, sus modernas expresiones cinematográficas se reducen a una colección más o menos inspirada de gags. Puede que con el título, a la altura de otros tan afortunados como 'Yo soy fulana de tal', el director trató de afirmar que su obra es una parodia del subgénero patrio por excelencia, aunque en su desarrollo lo único que ponga de manifiesto es que utiliza las misma toneladas de caspa. Visualmente, 'Que se mueran los feos' se da un aire a a los trabajos de Javier Fesser (incluyendo 'Camino: una comedia sobre la religión'), sin embargo Nacho G. Velilla parece más interesado en pulir la dirección de actores que en la cámara. Velilla conoce bien a su público, acostumbrado al ritmo televisivo y la catarata sobreexplicativa de primeros planos, y no los defrauda. Toca agachar la cabeza y aceptar que experimentos como '7.000 días días juntos' (la mejor comedia española en 20 años), no volverán mientras el público siga chapoteando en estas comedias con la profundidad crítica de un charco.

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