El Juli, vuelve el prodigio del toreo

Seis orejas en dos tardes de Fallas colocan al madrileño en la cúspide ¿Habrá duelo con José Tomás?

PABLO G. MANCHALOGROÑO.
Paseillo de Julián López 'El Juli' en la Maestranza de Sevilla. ::
                             AFP/
Paseillo de Julián López 'El Juli' en la Maestranza de Sevilla. :: AFP

Julián López ha arrasado en las Fallas: dos tardes y seis orejas hablan por si solas de la capacidad de un torero imprescindible que ha alcanzado una madurez impresionante y que parece haberse impuesto una meta clara para esta temporada: torear como el mejor, ser el número uno. Las dos tardes de Valencia han significado el primer golpe sobre la mesa de este año, pero el mano a mano con Ponce dejó bien a las claras la increíble capacidad que tiene este torero, tanto en lo que se refiere a técnica como a la hundura de sus muletazos para a resolver cualquier clase de problema que se va suscitando durante la lidia. El Juli, niño prodigio, se encaramó a la cima con apenas 16 años rompiendo toda suerte de récords en su carrera: ídolo en América, Francia y España, hace unas cuantas temporadas tomó una decisión drástica: torear mejor, olvidarse de los número y de las estadísticas y profundizar en su estilo para convertirse en un torero de referencia. Muchos no lo comprendieron, otros no lo tomaron en serio, pero en Las Ventas, en 2007, tocó el cielo con un toro de Victoriano del Río llamado 'Cantapájaros'. Había nacido un nuevo Juli, un torero que este año parece inalcanzable por la rotundidad de su toreo, tal y como demostró el domingo en el coso de la calle Xátiva ante un con el que se entretuvo en tadas de muletazos al natural inacabables, rotundas, bellísimas.

Tal es la maestría que está demostrando el torero de San Blas, que con la mitad de toro que necesita cualquier compañero para realizar una faena, él es capaz de apañarse. Es variado con el capote, hondo y muy largo con la muleta, su espada es un cañón y en ocasiones se emociona tanto toreando que su toreo rompe el corazón. Lo tiene todo, además de una gran maestría y profesionalidad para convertirse en un torero de época.

Se imaginan ustedes lo que podría significar un mano a mano entre él y José Tomás. Sin duda ambos representan la cumbre del toreo (dejando a un lado a Morante, que se podría decir que juega en otra liga) y asumiendo que Enrique Ponce, con 20 años de alternativa en las espaldas, parece falto de la suficiente fuera interior para pelearse con estos dos toreros.

Sin embargo, de lo que se conoce de la temporada de ambos parece imposible e improbable que ambos toreros se vean en un patio de cuadrillas con la montera puesta. Sería un choque de trenes brutal, una verdadera pelea entre los dos toreros más importantes del actual escalafón y, además, poseedores de sendas tauromaquias más parecidas en esencia de lo que parece pero marcadas innegablemente por la personalidad de dos matadores inconmensurables.