El mundo se detiene hoy en el Arnedo Arena con la corrida de José Tomás

José Tomás, el mito del toreo moderno, ha paralizado la ciudad con su vuelta a La Rioja tras más de diez años de ausencia Julio Aparicio, José Tomás y Diego Urdiales inauguran esta tarde (17.30 h.) el 'Arnedo Arena' ante astados de la ganadería de El Pilar

PABLO GARCÍA MANCHAARNEDO.
A hombros con Enrique Ponce en una tarde inolvidable en el coso de Los Rosales de Haro. :: DONÉZAR/
A hombros con Enrique Ponce en una tarde inolvidable en el coso de Los Rosales de Haro. :: DONÉZAR

José Pedro Orío es un tipo feliz. Aquella locura que emprendió en el Centro Riojano de Madrid cuando le ofreció a José Tomás (a bocajarro) la idea de venir tal día como hoy a Arnedo a «inaugurar la plaza de toros más bonita del mundo» se materializará esta tarde, cuando a partir de las cinco y media -en punto-, resoplen los clarineros y retumben los solemnes timbales del flamante 'Arnedo Arena' y Julio Aparicio, José Tomás y Diego Urdiales -desmonterados- hagan el primer paseíllo por el nuevo coso. «Llevo en una nube más de dos meses», asegura José Pedro, desquitándose méritos por doquier y asegurando que «Arnedo y La Rioja se lo merecen todo». Y el «todo» en el toreo tiene nombre y apellidos: José Tomás, el mítico torero de Galapagar que ha convulsionado a la ciudad del Calzado como nada ni nadie lo habían hecho hasta ahora.

Manolo Soria, concejal de Urbanismo y el especialista en la Corporación en materia taurina, lo dejó claro desde el principio: «Va a ser algo histórico, pero nos esperan días de histeria». Y la histeria ha surgido por las entradas, por la expectación del acontecimiento y porque muchos han pensado que José Tomás les iba a entregar un Potosí en la reventa. Horas interminables de fila, desasosiego, alquiler de personas que guardaron toda una noche la cola, llamadas, cartas al director, picaresca... Todos los perfiles del ser humano se han citado en pos de las entradas.

Pero más allá de las anécdotas está el toreo, la capacidad de convocatoria que tiene un espectáculo único en el que se cita la vida con la muerte, la belleza, lo estrafalario y un alimento para los aficionados que ni se puede medir ni tiene explicación: el compás, la gallardía del torero y la bravura del toro. Casi nada...

José Tomás posee la extraña habilidad poética de encerrar un misterio. Nadie sabe explicar a ciencia cierta la razón por la que conmueve tanto, por la que se escriben ríos de tinta sobre su persona y su toreo. No hace declaraciones, apenas se conoce nada de su vida privada, no tiene página web, es complicado hacer un calendario de sus corridas y, en ocasiones, lograr un boleto para verle es una odisea. Pero habla en la plaza, es el torero de lo inconmensurable y cuando ha tenido que acabar con el cuadro lo ha hecho reventando cuantas plazas ha pisado: Barcelona, Madrid (siete orejas y tres cornadas en dos corridas), Málaga, Nimes...

Pero existe también un José Tomás solidario -un tipo de notable interés humano, que escribió su biógrafo Carlos Abella- que se conmueve por los demás y que realiza gestas benéficas (casi en silencio, para que no se entere nadie) realmente conmovedoras: dona íntegros sus honorarios, monta una Fundación para favorecer a personas desfavorecidas y protagoniza una rebelión contra el anquilosado sistema taurino luchando como muy pocos por los derechos que considera suyos, es decir, de los toreros.

No es un suicida, aunque se lo hayan dicho más de una vez a la cara o soterradamente; no es un loco, aunque esa imagen deformada haya calado en un cierto sector de la sociedad. Es un torero, quizás el mejor... Un torerazo que con la muleta o el capote tiene cada día el mismo empeño: torear más lentamente, con más pureza y en su muleta lleva un sol atlántico y mediterráneo, un sol a veces castellano que se mejicaniza cuando torea al ralentí al natural con una precisión insuperable. Y hoy está en Arnedo.