Con la tortura no se juega, por Pablo G. Mancha

PABLO GARCÍA-MANCHAMIRA POR DÓNDE
Con la tortura no se juega, por Pablo G. Mancha

Entre la ablación del clítoris que dijo Jesús Mosterín en Barcelona o cartografiarlo, a propuesta de Bibiana Aído con el aplauso de la rumbosa concejala socialista de Calahorra Elisa Garrido, me quedo de largo con el cartabón y la escuadra, o con el astrolabio si se me apura, porque una cosa es pasarse de frenada a la hora de financiar proyectos estrambóticos y otra muy distinta es llegar a un parlamento, engolar la voz y equiparar una corrida de toros con la amputación de un miembro a un ser humano... y quedarse tan ancho. El debate sobre los toros me cansa profundamente, a decir verdad me abotarga por la escasa hondura intelectual de una suerte de antitaurinos que andan encasquillados siempre en el mismo argumentario falaz: tortura, tortura y tortura. Pero se vuelven a equivocar de plano porque la tortura es lo que sucedió en Abu Grhaib; tortura es lo de Cuba (Willy, lo de Cuba), o lo de Guantánamo... Y poner en el mismo plano el asesinato de Orlando Zapata, por ejemplo, con la lidia de un toro bravo es sencillamente inaceptable e inmoral. Lo que sucede en Cataluña con los toros es tan sólo un ejemplo más del avance de ese nacionalismo excluyente que en lo que realmente está interesado es en prohibir y excluir de la vida pública catalana cualquier cosa que tenga que ver con lo español. Lo demás son falacias, lo demás son mentiras.

De lo que no se dan cuenta en el Parlament es que se puede ser español y antitaurino; español y del Barça o español y del Espanyol. De lo que no se quieren enterar es de que vivimos en un país libre (Willy, libre) y que en el ejercicio de la libertad crecemos todos, hasta los nacionalistas pueden crecer. Que bien mirado, falta les hace. Y ¡olé!