«Leo más artículos de Teología que poesía»

El sacerdote riojano ha reunido en un volumen los poemas escritos durante 50 años tanto en La Rioja como en Brasil y Florida (EEUU) Carmelo Cadarso Ruiz. Autor del libro de poesía 'Ecos del gran silencio'

DIEGO MARÍN A.LOGROÑO.
El sacerdote y misionero de Corera Carmelo Cadarso Ruiz. ::                             L.R./
El sacerdote y misionero de Corera Carmelo Cadarso Ruiz. :: L.R.

Toda una vida dedicada al sacerdocio, primero como misionero en Brasil y luego en Florida (EEUU), atendiendo parroquias bilingües. Carmelo Cadarso Ruiz, natural de Corera, sacerdote jubilado que aún así sigue ayudando a la Diócesis riojana cuando se le necesita, ha reunido los poemas que ha escrito durante más de 50 años en el libro (Ochoa, 2010). Los beneficios obtenidos de la venta del libro los destinará a fines sociales y culturales.

-Su vida ha tenido que estar llena de vivencias y, sin embargo, ¿por qué titula humildemente su libro Ecos del gran silencio ?

-El gran silencio es la presencia del gran espíritu que los indios americanos llaman «el creador», amante de la Naturaleza. Cuando iba por las calles de EEUU recogía los papeles del suelo para que los niños aprendiesen, además de a no tirar la suciedad, a recoger lo que otros han manchado. Los indios celebran y adoran a ese «gran silencio de Dios» que solo conocemos por sus palabras. La Biblia comienza: «Y el verbo se hizo carne»; el pensamiento se hace palabra. Mis poemas son reflexión, reflejan el silencio majestuoso del infinito, simplemente son un eco, un grito a voces.

-¿Por qué ha querido publicar ahora los poemas que ha escrito durante toda su vida?

-Porque me he jubilado y antes no he tenido tiempo. Empecé a escribir a los catorce años, en el Seminario nos metieron en estas lides de escribir poéticamente, de trascender lo real. Luego seguí escribiendo en las selvas brasileñas de Mato Grosso cada experiencia, cada pensamiento, que luego lo evolucionaba hasta el poema. Mis pensamientos más profundos, en el poema, intentan trascender lo tangible, sublimarlo a nivel espiritual.

-En sus poemas usa muchas preguntas retóricas. A pesar de sus conocimientos teológicos y su experiencia vital, parece tener más incógnitas que verdades absolutas.

-En las incógnitas están las soluciones. No puede haber certeza sin incógnita. Si resulta que el animal racional que es el hombre solo usa una parte de su cerebro, ¿cómo no va a haber preguntas? Aunque está el pero: quien tiene sentido religioso profundiza en su vida, se queda contento con lo poco que encuentra, con lo bello que conoce. Nadie, ni los cristianos ni los mahometanos, conoce la verdad absoluta, todos buscamos una verdad. El instinto nos hace buscar la verdad, lo que encontremos nos hará felices.

-Sus poemas, lejos de la superficialidad, abordan temas inabarcables, sobre todo existenciales.

-Para las personas conscientes de que tienen cerebro, la cuestión no es ser o no ser sino pensar o no pensar. La mayoría no piensan con profundidad, piensan a la ligera, no se hacen la gran pregunta de la vida humana. Yo no soy diferente, lo mío es vivencial. La fibra sensitiva de lo sublime me afectó desde niño.

-¿Por qué en su libro los poemas aparecen acompañados de fotografías de su propia colección?

-Los escritores ponen su fotografía en sus libros para que el lector sienta cercanía. Yo miro a la cara de quien escribe para ver si está a tono con su obra. A mucha gente no le gusta leer poesía, pero yo quiero que quien lea mis poemas (la gente noble y sencilla) también vea lo que reflejan: un niño, un labriego, un desamparado, un gorrión, un perro... Aunque lo vean, lo entienden mejor cuando lo leen, así se cuenta con la vista y el sentimiento.

-Entre sus versos se cuelan referencias a otros poetas, como el 'Señor, me cansa la vida' de Machado o el 'Qué me importa sufrir, si soy poeta' de Buscarini.

-Buscarini escribía con un sentido poético demasiado humano, poco elevado, pero la poesía le hacia sentirse mejor. Cuando alguien escribe con lágrimas, aunque pase las de Caín, le hace sentir mejor.

-¿Son estos sus mayores referentes literarios?

-Desde el Seminario han sido siempre los místicos, sobre todo, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Con apenas quince años leí la obra completa de estos dos escritores. Luego he leído a Rubén Darío, Gabriel y Galán, Antonio y Manuel Machado... Jorge Manrique también me impactó mucho y Miguel Hernández, que es tan sencillo, tan hondo y tan humano... Pero la verdad es que leo más artículos sobre Teología que poesía.

-En su libro se hallan algunos poemas dedicados a los Cameros. ¿Por qué le llama la atención este lugar de la geografía riojana?

-Tengo una prima casada con un descendiente de Luezas y de allí es un misionero en El Salvador que viene mucho a La Rioja para recaudar dinero para sus obras de caridad. Un día que acudí a la ermita de la Virgen de Royuela me sobrecogió la belleza de la iglesia de la Asunción, que es un tesoro que se hunde. Entonces, con lágrimas en los ojos, escribí un poema que mandé al obispo y al consejero Luis Alegre, porque estamos echando a perder estas grandezas. A la iglesia de la Asunción no se le da aprecio más que allí, pero en Luezas no pueden hacer nada, y eso me hace sufrir. Al margen, la belleza de los valles del Iregua y del Leza es enorme.

-Su libro también tiene buenos fines.

-Sí, es que el retablo de la parroquia de San Sebastián de mi pueblo se deteriora. Todo irá para ellos y para la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

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