Más allá del cargo hay esperanza

PABLO GARCÍA-MANCHA
Más allá del cargo hay esperanza

María Antonia San Felipe (Calahorra, 1957) está alejada de la vida política activa, de los titulares y los escaños, aunque vive «con intensidad y preocupación», pero como una «ciudadana de a pie que milita en el PSOE», lo que sucede a su alrededor, tanto en lo cotidiano de su trabajo como funcionaria en el Departamento de Urbanismo del Ayuntamiento de Calahorra, como por la imparable veta de investigadora histórica en la que se ha introducido como consecuencia de su tesis doctoral sobre el obispo Fidel García, el prelado calagurritano que en una pastoral se atrevió en 1942 a condenar el nazismo: «Estamos ante una figura histórica interesantísima por sus cualidades intelectuales y por el valor que demostró para desmarcarse en aquellos años de la postura oficial y hegemónica del nacionalcatolicismo imperante. Fue algo inaudito en España», subraya.

María Antonia es uno de los escasos ejemplos de la esfera política en los que se demuestra que más allá de las listas hay futuro: «Cuando decidí reincorporarme a mi puesto de trabajo hubo mucha gente que decía que no iba a poderlo soportar. Bueno, pues se equivocaron porque llevo seis años y estoy feliz y dedicada a la investigación, que es lo que más me satisface».

Y es que la trayectoria y el perfil de María Antonia San Felipe es uno de los más atractivos de la vida política riojana. Cuando accedió al cargo de alcaldesa de Calahorra, en 1983, se convirtió en la edil más joven de España de ciudades de más de 10.000 habitantes: «Recuerdo con mucho orgullo aquella época porque aunque hubo momentos durísimos, con plenos tan amargos en los que casi lloraba de impotencia y en los que notaba muy a flor de piel el ser mujer, lo cierto es que logramos cosas realmente importantes y decisivas en la transformación y modernización de este país. Siempre he mantenido que nosotros éramos políticos improvisados, la mayoría de los que formamos aquella generación llegamos a la vida pública por una cuestión de servicio, de compromiso con lo que sucedía a nuestro alrededor, pero nuestra ambición no era instalarnos en el poder como un modo de vida. Quizás ahora las cosas han cambiado porque el perfil de la mayor parte de los políticos es como mucho más diseñado y previsible».

Quizás todo ello se haya precipitado ahora, en plena crisis, en su baja credibilidad: «Estamos pasando momentos muy duros tanto socialmente como en el plano de la economía y eso se palpa en un gran desconsuelo entre los ciudadanos con respecto a la clase política. Personalmente creo que es necesario hacer algo para regenerar la confianza. En las últimas encuestas que he leído me ha llamado poderosamente la atención la decepción de los votantes con los líderes de sus partidos. Falta frescura y generosidad y sería positivo más unión entre todos para afrontar los impresionantes retos que hay sobre la mesa».