Cinco mil hombres buenos

De azul. Antes del verde que le caracteriza, el primer uniforme de la Guardia Civil era azul con peto rojo. Ya entonces lucían el característico tricornio./R.C.
De azul. Antes del verde que le caracteriza, el primer uniforme de la Guardia Civil era azul con peto rojo. Ya entonces lucían el característico tricornio. / R.C.

La Guardia Civil cumple hoy 175 años, una fecha para recordar sus primeros pasos allá por 1844. Saber leer y escribir, medir sobre 1,60 y lucir bigote eran requisitos imprescindibles

José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERREROMadrid

Había que gastar muchas agallas o pecar de imprudente para atreverse a viajar en diligencia o recorrer los polvorientos caminos de la España de 1844. La Primera Guerra Carlista (1833-1840) y el eco de los estragos de la Guerra de Independencia (1808-1814) habían dejado el país infestado de grupos de excombatientes y desertores que hacían del bandolerismo su forma de vida. A ellos se unieron multitud de famélicos campesinos, empujados a tomar las armas por el hambre y la miseria que azotaban las zonas rurales. En ese contexto de permanente inseguridad nace la necesidad de crear una fuerza que se enfrentara a los asaltantes que se habían adueñado de calzadas y senderos. Luis González Bravo, un periodista gaditano a la sazón jefe del Gobierno, encargó al navarro Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II duque de Ahumada, la creación de una institución con presencia en todo el territorio peninsular que garantizara la vida y los bienes de las personas. No una policía política fiel a partidos liberales o moderados, sino un cuerpo de naturaleza militar al servicio del Estado y por encima de los vaivenes de gobierno.

Así se gesta la Guardia Civil, que desde el principio y por especial empeño de su fundador, el duque de Ahumada, es concebida como un cuerpo de élite, bien uniformado y dignamente retribuido, con una disciplina a toda prueba, cargado de obligaciones y sacrificios, y con el honor como sagrado lema: «El honor es la principal divisa del guardia civil; debe, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido, no se recobra más». Tan solemne artículo es el que abre la 'Cartilla', el código moral de la Guardia Civil redactado de su puño y letra por el propio duque de Ahumada, y que Luis Roldán, su primer sucesor civil, se pasó por el arco del triunfo.

El honor es la principal divisa de la Guardia Civil y está en el primer artículo de su 'Cartilla'

Ya por aquel entonces las condiciones para ser reclutado eran exigentes: tener entre 25 y 45 años, medir cinco pies y tres pulgadas (sobre 1,60), saber leer y escribir (un buen indicador de lo escogido del contingente, habida cuenta de que el analfabetismo alcanzaba casi al 75% de la población) y disponer de «conocida honradez», lo que se corroboraba a través de los informes de conducta emitidos por las fuerzas vivas del pueblo (es decir, el alcalde, el cura y el jefe político de la provincia). Tampoco podía existir mancha alguna en el paso por el ejército del candidato. De todos los aspirantes que acudieron a los acuartelamientos madrileños para las pruebas de selección, sólo pudieron encontrar once hombres aptos para las nuevas unidades. Pero el duque no tenía prisa. Prefería mozos muy bien formados a rebajar los requisitos por mor de las urgencias. Según sus propias palabras «servirán más y ofrecerán más garantías de orden cinco mil hombres buenos que quince mil, no malos, sino medianos que fueran».

Ahumada quiso también que sus soldados se distinguieran por el uniforme, que hace 175 años no era el verde que caracteriza a los agentes desde principios del siglo XX. Concretamente vestían «una casaca azul con peto rojo que luego evolucionaría a una levita», como recuerda el coronel Florencio Hermoso, director del Museo de la Guardia Civil y jefe del Servicio de Estudios Históricos. El diseño acaparó las loas de la prensa. «Atraían las miradas del inmenso gentío que se agolpaba en las calles a su tránsito», contaba un cronista del periódico 'El Castellano' que cubría el primer desfile, en septiembre de 1844. Ahí nuestros guardias ya lucían su inconfundible tricornio, el sombrero de tres picos con el que se les ha identificado y que ahora, más pequeño y discreto, ha quedado relegado a las ceremonias de gala.

Mostachones

Cabría decir que los desvelos del duque por uniformar la imagen de sus hombres llegaron literalmente a tocar las narices. Sí, porque la cosa va de bigotes. En noviembre de 1844, Girón y Ezpeleta redacta una circular para el uso obligatorio del bigote, un mostacho bien poblado, «de todo el largo del labio, sin permitir ninguna clase de perilla». Lo de la perilla se suavizó al año siguiente, aunque sólo para jefes y oficiales, a quienes se les autorizaba a usarla, «pero corta».

Cerca de seis mil guardias repartidos en catorce Tercios (se recuperó el viejo término con el que los Austrias ganaron épicas batallas en Europa) pusieron en marcha aquel nuevo cuerpo, que empezó a desplegarse por todo el país en cuarteles ubicados bien en inmuebles cedidos por los ayuntamientos, o bien en iglesias y conventos abandonados tras la desamortización de Mendizábal (1836). Ahumada estableció que sobre sus puertas «aparezca en letras grandes y claras» la inscripción 'Casa Cuartel de la Guardia Civil', y exigió que en aquellas poblaciones con alumbrado de gas «se solicite de la autoridad municipal que uno de los faroles de la calle se coloque de manera que se pueda leer bien el letrero para que cualquiera que necesite del auxilio de la Guardia Civil, pueda hallarlo con la mayor facilidad». A los cuarteles, por cierto, podían llevarse a la familia (esposa e hijos), pero también, y sólo, a la suegra.

175 aniversario

Decreto del 13 de mayo.
Aunque fue Luis González Bravo quien encargó su creación al duque de Ahumada, el decreto fundacional de la Guardia Civil lo firmó el 13 de mayo de 1844 su sucesor, el general Ramón María Narváez, el 'Espadón de Loja', entonces presidente del Gabinete y ministro de la Guerra. Meses después, el 1 de septiembre, el primer contingente pasa revista ante el propio Narváez cerca de la madrileña plaza de Atocha.
Isabel II: el primer servicio.
El 10 de octubre de 1844, con ocasión del 14 cumpleaños de la reina Isabel II y la constitución de las Cortes Generales, la recién creada Guardia Civil realiza su primer servicio y cubre la carrera de la comitiva de la reina desde Palacio hasta las Cortes.
5.769
En sus primeros pasos, la Guardia Civil contaba con 5.769 guardias, 232 oficiales y 14 jefes, agrupados en 13 Tercios, que componían 34 compañías de infantería y 9 escuadrones de caballería.
70.224
Son el total de efectivos con los que hoy cuenta la Benemérita. Casi el 93% son hombres por solo un 7% de mujeres (5.530). Las primeras guardias civiles se incorporaron en 1988 y hoy todavía están lejos de ocupar los altos mandos del cuerpo. Las de mayor escala (dos) han llegado a teniente coronel. No hay ninguna mujer coronel, ni general ni teniente general.
De chinos a noruegos.
Más de 1.100 agentes de la Guardia Civil han nacido en el extranjero. Hay marroquíes y latinoamericanos y hasta un guardia civil chino, Li, que llegó con seis años a España desde Zhenjiang, su ciudad natal. También hay guardias de origen alemán, austríaco, francés, inglés y noruego.
1.500
El sueldo de un guardia civil recién salido de la Academia ronda hoy los 1.500-1.700 euros mensuales dependiendo del destino que tengan. Sus compañeros de hace 175 años ganaban 2.900 reales anuales (los de infantería), por 3.102 reales los de caballería. Un buen galeno en Madrid cobraba 4.400 reales.

La mayoría de los guardias patrullaban a pie los caminos, y unos pocos cientos lo hacían a caballo. Siempre en parejas. Los jinetes cobraban más: 3.285 reales anuales frente a los 2.900 reales de la infantería. No era un mal sueldo teniendo en cuenta que un médico brillante en una capital como Madrid ganaba unos 4.400 reales, y un kilo de pan, alimento base en la dieta de mediados del XIX, costaba un real. Iban armados con fusiles de chispa y pistola de percusión, ambos de avancarga (la carga se hacía por la boca del cañón), un mecanismo primitivo y bastante engorroso a la hora de enfrentarse a las partidas de bandoleros, sus principales enemigos de la época. Asaltantes de caminos como el sevillano de Cantillana Andrés López (cuya vida inspiró la serie 'Curro Jiménez') protagonizaron enfrentamientos de leyenda que alimentaron el mito de la España exótica y pintoresca que tanto entusiasmaba a los artistas románticos. Aquellas escaramuzas, que a menudo acababan a tiros y con muertos en ambos bandos, permanecen en el imaginario colectivo, quizá opacando otras acciones en que la Guardia Civil desplegó ese servicio más de índole humanitario con el que se identifica en la actualidad. Veamos algunos ejemplos documentados: En abril de 1848, una pareja de guardias civiles rescata sanos y salvos a los nueve marineros de la goleta inglesa 'Mary' que había encallado en la desembocadura del Guadalquivir tras un temporal; en septiembre de 1850, dos reclutas mueren al intentar socorrer a los pasajeros de una diligencia postal que se había despeñado por un barranco cuando realizaba la travesía entre Barcelona y Valencia. Se da la circunstancia de que poco antes esos mismos números habían ayudado a sacar el carruaje de un barrizal en el que había quedado engullido por las lluvias torrenciales en la zona; entre 1854 y 1855 una epidemia de cólera golpeó el país de forma devastadora. Se conocieron como 'los años del cólera', afectó a uno de cada 19 españoles y dejó 200.000 muertos. El brote se extendió por toda la península y el miedo a infectarse era tal que los enterradores se negaron a dar sepultura a los cadáveres que se apilaban en las calles. Esta ingrata, pero necesaria, tarea se encomendó entonces a la Guardia Civil, que acometió el trabajo dejándose, en algunos casos, la vida en ello. Hay más ejemplos. En octubre de 1863 unas inundaciones arrasaron varios pueblos de Cataluña, Vic entre ellos. Allí, un guardia civil, el teniente Viñals-Rius, murió tras ayudar a sacar «con el agua hasta la boca», como recuerdan las crónicas, a cuantos niños y ancianos pudo.

Fue así como el nuevo cuerpo, sobre el que también descansaba la seguridad del país, se ganó el aprecio del pueblo. Ese espíritu de entrega a los demás, de atender a la gente «en situación de calamidad pública» acabó por moldear el nombre con el que es conocida la Benemérita (que significa 'bien merecida'), honor que ostenta oficialmente desde 1929. Por algo será que 175 años después, los herederos de aquellos cinco mil hombres buenos siguen forjando cada día la institución más valorada por los españoles.

Una pareja de guardias civiles en unas inundaciones en el año 1900.
Una pareja de guardias civiles en unas inundaciones en el año 1900.