La alcaldesa que menos cobra y le dejan de hablar

La alcaldesa que menos cobra y le dejan de hablar

Consuelo Morán, regidora de Matilla de Arzón (Zamora), recibe seis euros por pleno y los dona para plantar árboles

ANTONIO PANIAGUAMadrid

La alcaldesa de Matilla de Arzón (Zamora), Consuelo Morán, es una regidora de bajo coste. Hay munícipes incluso peor pagados que ella y que no ven ni un céntimo por su gestión. Pero Morán, dentro de la lista de primeros ediles retribuidos, es la última de la tabla. En teoría solo ingresa seis euros limpios por cada pleno al que asiste. En el ayuntamiento se celebran del orden de cuatro reuniones plenarias de carácter ordinario, y otras tantas extraordinarias, con lo que al final recibe unos 48 euros al año. Como su grupo de concejales, el de Ciudadanos, decidió donar esa cantidad simbólica a la compra de árboles para rehabilitar una zona verde, en realidad sus ingresos han sido enterrados por una buena causa. Sabía que la política era inclemente, pero no tanto. «Lo que más me disgusta es que dos familias me hayan dejado de hablar», dice la regidora, que lleva a gala ser una buena administradora.

El sueldo de los ediles permanece invariable desde hace décadas. Antes de que entrara en vigor el euro, el 1 de enero de 2002, el alcalde de entonces ya tenía asignado un magro salario de 1.000 pesetas por asistencia al pleno. Y así se mantiene hasta ahora. Uno de sus predecesores en el cargo ni siquiera lo cobraba. «Hice hincapié para que la secretaria del ayuntamiento lo desembolsara de forma efectiva. Ya que era muy poco, por lo menos que se cobrase».

Morán, psicóloga que da clase en la Facultad de Ciencias del Trabajo de la Universidad de León, cree que su trabajo es ingrato. Empuñar la vara de mando ya no tiene el prestigio de hace décadas. Sin embargo, el hecho de ver que la gente se quejaba de que Mantilla de Arzón se sumía lentamente en el abandono, que las casas se caían y todos miraban para otro lado sin hacer nada, la indujo a encabezar la candidatura de Ciudadanos. «Quitando al alcalde que he mencionado antes, los demás se preocupaban mucho por la fiesta, mientras las calles se deterioraban. Adopté el lema 'de no critiques, actúa'. Fue mi 'leitmotiv'».

En política no se está para hacer amigos. Así lo proclaman muchos profesionales de la cosa pública que saben que la brega partidista es inmisericorde. Lo que no se esperaba Consuelo es que iba a sufrir en carne propia este dicho en un pueblo con apenas 176 habitantes censados. «Lo que peor llevo como alcaldesa es que algunos me hayan dejado de hablar por cuestiones políticas, porque sencillamente no soy de su cuerda. La familia de un candidato que no ganó me niega el saludo. Otros se han molestado por cosas inocuas, pues siempre procuro hacer las cosas sin perjuicio para nadie».

La profesora aún no ha decidido si se presentará a la reelección. En la balanza entre pros y contras, por ahora ganan los segundos. Los aproximadamente dos días a la semana que dedica al gobierno de Matilla de Arzón (a 66 kilómetros de León, donde reside) han quitado a Morán un tiempo precioso para dedicarse a la investigación, una tarea que reconoce haber descuidado como docente.

«La política es dura»

Para la alcaldesa, no es bueno que los trabajos de regidor y concejal estén desprovistos en muchos casos de remuneración. No en balde, casi un tercio de los 8.124 alcaldes que hay en España no percibió ninguna retribución, entre ellos algunos de ciudades importantes, como el de Cádiz, José María González y 'Kichi', de Podemos.

«La política es dura, tienes que quedar bien con todos, y si haces algo siempre hay alguien que se enfada. Tienes que gobernar, y gobernar significa hacer cosas contra alguna gente. Debería estar algo remunerado, en función de las horas de dedicación, el número de habitantes y otras variables». Morán argumenta que con lo que gana en la universidad tiene suficiente, pero si tuviera que asignarse un salario, cree que lo justo serían 500 euros al mes.

La alcaldesa vive en León y no está censada en Matilla, donde nació, aunque algunas veces ha estado tentada de inscribirse en el padrón para ayudar, aunque sea poco, a que su pequeño municipio reciba más financiación de las administraciones. Como todos los pueblos del centro peninsular, salvo Madrid, el suyo sufre la sangría demográfica. En los buenos tiempos, llegó a tener 700 habitantes y una escuela abierta. Ahora no hay ningún niño que habite allí, aunque en el verano pueden llegar a juntarse más de 30 chavales. «Las concentraciones escolares fueron la puntilla para nosotros».

Muchas gestiones y llamadas telefónicas las hace desde su casa. Al ayuntamiento va los viernes por la tarde y el sábado lo dedica por entero a su responsabilidad municipal. «Me voy a poner una medalla: yo tengo bastante capacidad de gestión, de simplificar los procesos y hacer fáciles las cosas que parecen difíciles».

Las cuestiones menudas, como mantener las luminarias, arreglar las calles, subsanar baches y otros desperfectos, consumen «mucho tiempo y energía». Pese a la edad algo avanzada de sus vecinos -la mayoría supera los 60- la gran ventaja de Matilla es que no está castigada por el desempleo. «Es un pueblo rico. Muchos viven en Benavente y vienen a trabajar aquí. Vivimos del sector primario, tenemos mucho terreno y todo cultivable, incluso el monte, y hay ganadería, sobre todo ovejas y vacas», asegura.

 

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