Los molinos de viento saltan del campo a las azoteas

Constituyen una alternativa energética limpia que adelgaza la factura de la luz en los hogares

ROCÍO MENDOZAMADRID
El molino de viento se hace un hueco en el hogar./
El molino de viento se hace un hueco en el hogar.

¿Qué tienen en común la Torre Sacyr de Madrid, la sede central de Acciona, el departamento de Industria de Pamplona y la casa del líder del partido conservador británico David Cameron? A simple vista, nada. Pero basta con subirse a la azotea de algunos de estos edificios para verlo: minimolinos de viento generan parte de la electricidad que consume el edificio. Son casos excepcionales, pero el fenómeno está en auge.

La llamada energía minieólica salta del campo a la ciudad, y aunque con muchas reservas aún, comienza a conquistar los hábitos de los consumidores más concienciados con el medio ambiente. No es para menos: por cada kilowatio que se genera con un minimolino de viento casero se evitan 800 kilogramos de emisiones de C02 anualmente a la atmósfera.

Las aplicaciones de estos generadores eléctricos han sido hasta el momento relegadas a fincas rústicas donde la red eléctrica general no llegaba. Empresas como la alicantina Bornay han desarrollado su labor en este campo durante los últimos 40 años hasta tener en la actualidad 3.500 de estas instalaciones en medio mundo.

Pero el salto a la invasión del paisaje urbano ya se ha producido y prepara su expansión. Marcas como Turbyiberica, responsable de la instalación de los molinillos en la azotea de la imponente torre Sacyr de Madrid, o el distribuidor Windspot, especializado en aerogeneradores de pequeño tamaño para uso doméstico, rústico e industrial, han sido algunos de los responsables de esta revolución. Según el director de Alba Renova, Aitor Rodríguez, un generador de 1,75 kw puede generar la mitad de la energía anual de un hogar medio. La fuerza del viento, traducida por una instalación ad hoc en la vivienda, es suficiente para cubrir parte del consumo de la casa.

Con este panorama, cualquier puede emocionarse ante la idea de convertir su hogar en un modelo de respeto al medio ambiente. Pero lo cierto es que no es tan fácil. Hay que tener en cuenta la inversión necesaria. Ésta varía en función de las necesidades energéticas de la casa, pero los expertos la cifran desde los 6.000 a los 25.000 euros.

Los molinillos no son lo más caro. El archiconocido diseñador Philippe Starck ha diseñado una de estas turbinas que cuestan entre los 2.500 y los 3.500 euros y se pueden encontrar en el mercado por la mitad. Pero la instalación, sí. También hay que contar con las licencias que deben pedir a la autoridad local para ser instalados en un jardín o en una azotea. Hasta debe medirse el ruido. De cualquier modo, en la actualidad, la tecnología ha hecho estos aerogeneradores más silenciosos.

Además, hay que tener en cuenta las posibilidades del viento en el área geográfica (el Gobierno ha elaborado un mapa eólico español que puede servir de orientación) y el tiempo en el que se podría amortizar la inversión. En este caso, si lo que prima es la conciencia medioambiental del consumidor, la alternativa está clara. Si es ahorrar en la factura de la luz, los efectos se notan inmediatamente, pero la amortización se produce a largo plazo.

Ahora, los productores esperan el despegue de esta alternativa energética, que para que resulte realmente eficiente suele ser combinada con paneles solares en las viviendas. Según explica en su blog Juan Bornay, dueño de la empresa que lleva su nombre, el Plan de Acción Nacional de Energías Renovables (Paner 2011-2020) incluye la minieólica como alternativa energética a desarrollar. Los objetivos señalados en este documento dibujarían un panorama similar al de Gran Bretaña, donde los molinillos conviven con las chimeneas en las azoteas de los barrios y hay ya instalados alrededor de 100.000 unidades.

Pero el desarrollo legislativo y la política de incentivos económicos para que esta alternativa despegue definitivamente se está haciendo de rogar. De cualquier modo, hay empresas como Hemera (con delegaciones en Málaga, Barcelona y Madrid) que se adelantan y ya realizan un proyecto personalizado de minieólica para la vivienda.

De cualquier modo, los expertos del sector esperan que en breve la minieólica se invada los hogares españoles para dibujar un panorama energético más limpio y menos caro. Como versaba el expositor de la citada empresa en la última feria de energías renovables Genera II, haciendo gala de cierta actitud visionaria, "no son molinos de viento, son gigantes". Así que a por ellos.