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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

TRIBUNA

«En este artículo tengo intención de explicar el porqué de los abultados resultados del PP en La Rioja, cuyo su origen sitúo en tres factores distintos pero complementarios: estructurales, de contexto nacional y de coyuntura regional»

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Razones sociopolíticas del tsunami popular
La hegemonía del Partido Popular en La Rioja es tan incontestable como sus magníficos resultados en las pasadas elecciones. En el Parlamento regional ha obtenido más del 50% de los sufragios y aumentado tres escaños a costa del PSOE. Por otro lado, Logroño, la joya de la corona, ha regresado a manos de una reforzadísima mayoría absoluta popular. Cuca Gamarra ha obtenido 17 concejales frente a 10 socialistas y ha dejado a los regionalistas fuera de juego. Finalmente, el PP ha ganado en todas las cabeceras de comarca, aunque aún hay incógnitas sobre si gobernará en Arnedo y Santo Domingo (a pesar de que a muchos les pueda sorprender el resultado, alertaré de que el CIS erró en sus previsiones por apenas un punto, justo el que ha hecho bailar el escaño. Así pues, gran trabajo de los politólogos al cargo).
Una de las primeras razones que explican el enorme vigor en la victoria popular es la propia composición sociodemográfica de nuestra comunidad autónoma, la cual combina dos elementos. Primero, la existencia de un entorno rural envejecido y conservador. Alrededor del 20% de la población riojana tiene más de 65 años y suele concentrarse en los pequeños municipios de las serranías, donde el predominio del PP es total ligado a bases territoriales muy locales. Y segundo, el hecho de que casi siete de cada diez riojanos vive en Logroño o sus alrededores, con unos 160.000 habitantes, y es allí donde se concentran pequeños empresarios, autónomos, capas medias y profesionales liberales, electorado preferente de los populares. No en vano, el PP ya gobernaba la amplia mayoría de las capitales de provincia antes del 22. Por lo tanto, la alianza entre el campo conservador y las capas acomodadas liberales de la capital en torno al PP le da una formidable base electoral. Base difícil de erosionar sin tejer una coalición de intereses en torno al principal partido de la oposición, que para el PSOE pasa por agrupar capas trabajadoras, funcionariado y jóvenes. En cualquier caso, la mayoría de los riojanos se identifica como de centro, puntuando de media un 5,34 en la escala que sitúa el 1 en la extrema izquierda y el 10 en la extrema derecha. Un espacio invariablemente copado por el PP.
Un gran factor diferencial de estas elecciones es que ha habido un claro fenómeno de contaminación entre arenas electorales. Las elecciones regionales y locales se consideran de segundo orden porque los votantes no les suelen dar tanta importancia como a las generales. De hecho, suelen presentar tasas de participación más bajas que las elecciones nacionales y los partidos en el poder suelen tener peores resultados. Pues bien, los ciudadanos a veces se equivocan a la hora de atribuir responsabilidades a cada nivel de gobierno y votan en uno pensando en el otro. Sólo esto explica que en el PSOE, pese a estar en la oposición, haya tenido más desgaste que el propio Gobierno de Sanz. Una erosión fruto de la propia marca PSOE y del planteamiento de estas elecciones como una primera vuelta para las generales. Por otra parte, las encuestas muestran que los elementos locales pesan más a medida que se reduce el tamaño del municipio, ya que las distancias cortas favorecen las virtudes del candidato mientras que en los núcleos más poblados la depresión económica se hace sentir más. De ahí que el PSOE haya perdido por menos diferencia o incluso ganado en los municipios pequeños respecto de Logroño, donde el triunfo popular ha sido mayúsculo.
Finalmente, hay que considerar elementos coyunturales de la elección regional: la gestión del partido en el poder y los candidatos. Y no me interesa tanto la realidad de estos factores como la percepción que tiene la ciudadanía de los mismos, de ahí que me vaya a basar en datos del CIS para evaluarlos. Si se pregunta sobre la gestión del gobierno regional estos cuatro años, el 34% la califica de buena o muy buena frente al 17% que la tiene por mala o muy mala. Si se pregunta por la gestión del presidente Pedro Sanz, las opiniones se polarizan un poco más, con un 37% de evaluaciones positivas y un 20% de negativas. Por lo tanto, claramente hay una evaluación positiva de la labor del Ejecutivo regional pese a que un 55% de los riojanos piensan que la comunidad está hoy peor que hace cuatro años. Esto ya apunta a qué nivel tenían intención de disparar los electores. El segundo elemento es la valoración de los candidatos de los diferentes partidos y también es bastante significativo. En la preelectoral del CIS en el 2007, Sanz era valorado con un 5,43, Martínez-Aldama con un 5,11 y Legarra con un 4,66. Pues bien, en la de este 2011 Pedro Sanz subió su valoración hasta el 5,48 mientras que Aldama se desploma al 4,42 y el regionalista apenas cae al 4,37. ¿Por qué esta caída del candidato socialista? Probablemente sea por la combinación del lastre de las siglas y el desapego de sus bases de votantes tras concurrir por tercera vez y abortar las primarias regionales.
En suma, los resultados del pasado 22 no nos deben sorprender tanto si consideramos estos tres factores de manera conjunta. El PP riojano ha demostrado ser una máquina tremendamente engrasada y muy eficiente mientras que al PSOE le toca repensar su proyecto y equipo si algún día quiere arrebatar este feudo a los populares.

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