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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

TRIBUNA

La autora llama a los sindicatos para que den «todos los pasos necesarios para preparar la convocatoria unitaria de una huelga general de 24 horas»

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Una huelga general por nuestros derechos
:: JOSÉ IBARROLA
En La Rioja se han superado ya los 20.000 parados. En toda España la cifra es de más de cuatro millones, con más de un millón de trabajadores sin recibir ningún tipo de prestación por desempleo. La situación de los trabajadores, como consecuencia de la crisis del capitalismo, es cada vez peor y se hace necesario ofrecer una alternativa por la que movilizarse.
Si esto no fuera suficiente, el Gobierno del PSOE aumenta el IVA, que grava por igual independientemente de la renta, quiere reducir en 50.000 millones el gasto público, lo que se traducirá en menor empleo público y menos prestaciones en sanidad, educación o servicios sociales y nos amenaza con más recortes de nuestros derechos con una nueva reforma laboral y peores pensiones de jubilación. El Gobierno cede a las presiones de la patronal, que las aplaude y pide más, cargando el coste de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores mientras los bancos y las grandes empresas tienen a su disposición cientos de miles de millones de euros del erario público. Desde Izquierda Unida entendemos que ha llegado la hora de dar una respuesta colectiva de todo el movimiento obrero y popular. Seguir como hasta ahora no es una alternativa pues nos condena a sufrir impotentes agresión tras agresión, ya que la magnitud de los problemas que sufrimos no pueden resolverse luchando en empresas aisladas o en un solo sector. Es necesaria una respuesta global de todo el movimiento obrero y de sus organizaciones sindicales, sociales y políticas.
El llamado «diálogo social» no puede dar solución a los males que se nos plantean. La patronal ya ha expresado cuáles son sus deseos: abaratar los salarios, prolongar las jornadas de trabajo, reducir los derechos de los trabajadores eliminando la efectividad de los convenios colectivos y la tutela judicial, abaratar el despido y que se le reduzcan las cotizaciones sociales y los impuestos, pero que les transfieran más recursos públicos vía subvenciones, contratos y nuevas privatizaciones. ¿Qué clase de acuerdo firmará la patronal? Sólo uno que les dé al menos parte de esas reivindicaciones.
El Gobierno no está siendo capaz de defender los intereses de los trabajadores. Ha transferido decenas de miles de millones al sistema financiero, mientras los parados que terminan sus prestaciones se tienen que apañar con una ayuda de 430 euros por seis meses. Ha mantenido todas las leyes laborales regresivas aprobadas en legislaturas pasadas y que están siendo empleadas en contra de los trabajadores. Y, conforme la crisis se prolonga, más cede a las pretensiones de la patronal y los organismos del capitalismo internacional, planteando un recorte de las pensiones y una reforma laboral que agravará más la situación de los trabajadores. El PP, que si gobernase aplicaría la política de la patronal, critica con cinismo al Gobierno y se frota las manos porque ya se ve en La Moncloa.
La única forma de cambiar esta situación es con la movilización, pues la única presión que ahora recibe el Gobierno es la de la patronal. En un contexto de crisis, la lucha empresa a empresa, o sector a sector, es insuficiente. En el terreno puramente económico, el trabajador es mucho más débil que el empresario. Y, en condiciones de crisis, con más de cuatro millones de parados, aún es más comprometida su situación. Por no hablar de los trabajadores sin empleo, que quedan abandonados a su suerte si no se plantea una acción general de todo el movimiento obrero. En una economía de mercado, los trabajadores somos una mercancía más a explotar, cuyo «precio» se rige por la ley de la oferta y la demanda, y la patronal se aprovecha de ello. Sólo la lucha puede cambiar esa correlación de fuerzas, obligando a este gobierno a retroceder en sus agresiones y a respetar los intereses de los trabajadores. Es más, la gravedad de los problemas planteados no pueden resolverse ya en el terreno de la negociación colectiva, sino que exigen la promulgación de nuevas leyes que garanticen los derechos de los trabajadores. Medidas como las que ha planteado Izquierda Unida para dar un giro y una salida a la crisis por la izquierda:
. Es necesaria una ley de 35 horas sin reducción salarial, de implantación inmediata, como primer paso para absorber el alto desempleo existente.
. Es necesario garantizar que todo trabajador en paro tiene derecho a un subsidio como mínimo igual al SMI mientras no se le garantice un puesto de trabajo.
. Es necesario establecer de forma inmediata un SMI de 1.100 euros, así como establecer también un salario máximo.
. Es necesaria la eliminación de los contratos basura. La contratación temporal sólo para trabajos temporales, el resto todos los empleos con contrato indefinido e indemnización de 45 días por año trabajado.
. Es necesario abordar una reforma fiscal realmente progresiva para que paguen más los que más tienen y se combata el fraude fiscal.
Estas medidas deberían ir acompañadas del desarrollo del sector público en todos los ámbitos de la economía, especialmente el financiero, con la nacionalización de la banca. Es necesario revertir las privatizaciones de estos años pasados y desarrollar el sector público empezando por los servicios sociales, pero alcanzando al conjunto de la economía. Estas reivindicaciones pueden unir al conjunto de los trabajadores, públicos y privados, con contrato indefinido o temporal, a jóvenes, a inmigrantes, a trabajadores de la industria y los servicios, autónomos, en la búsqueda de un horizonte distinto de salida a la crisis. Por todo ello, desde Izquierda Unida hacemos un llamamiento a las direcciones regionales y estatales de todos los sindicatos de clase a que asuman sus responsabilidades y den todos los pasos necesarios para preparar la convocatoria unitaria de una huelga general de 24 horas, contra las intenciones de la patronal y el Gobierno, y por la defensa de unas condiciones de vida y trabajo dignas para todos. Sólo la unidad en la lucha del movimiento obrero puede poner fin a esta escalada de ataques y defender nuestros derechos. La respuesta no puede demorarse más.

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