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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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Los magos del hierro
E l hierro de los puentes del XIX estaba forjado con ideas. Los puentes, la obra civil, el pensamiento civil. Hablo de la ferramenta ideológica de los ingenieros, del metal ilustrado. En lo tocante a Logroño, el de aquellos que pensaron, por ejemplo, que uniendo el hierro del ferrocarril con el de un puente cara al norte fluiría mejor la ciudadela. Fluirían el personal, las mercaderías y los carros con vino. Un puente 'colorao', de vino. El entonces presidente del Consejo de Ministros, señor Sagasta, el ingeniero don Fermín Manso de Zúñiga. Gracias a la industria de ambos, los logroñeses del XXI seguimos hoy dando la 'vuelta a los puentes', como se titulaba aquella maravillosa exposición que organizaron en los ochenta del XX los Compairé, cuando entrepuentes no existía más que una selva donde en una ocasión llegara a cantar Sabina, y la meca de San Gregorio. Hubo una edad de aquel hierro -posterior a la de piedra, que contó aquí con puente propio, restaurado por Sagasta antes de cambiar de edad, por no quemar etapas ni puentes, algo tan nuestro- en el que en España, construir puentes, 'pontificar', era intentar comunicar orillas del pensamiento, hacer equilibrios sobre las turbulencias de la reacción y sobre las aguas revueltas en que pescaban ciertos pescadores; porque éste es un país dónde, cuando nos ponemos, no hay tío páseme usté el río. Los puentes son comunicación. Y eso es mucho más que cruzarlos sólo para pasar al otro lado. Por eso el hierro de los puentes era de la misma especie que el de los armazones de algunos Institutos de enseñanza, fábricas de harina o de textil, estaciones de tren, hospitales, astilleros, teatros, bodegas, vías. Se trataba de un hierro estructural, para resistir el futuro. En la España que dormía en el oro viejo, esta fibra de hierro corrió siempre peligro. Bien lo sabía el de Torrecilla. A Sagasta, apodado 'el de los puentes', lo caricaturizaron de todo menos de ingeniero. Se le vio de pescador o de equilibrista. Él intentó hacer de la política y de su persona un puente. Un puente casi impracticable, que no sólo comunicaba sino que fusionaba, que fundía. Así que el fusionista también aparecía en los papeles caricaturizado de brujo y de alquimista. Este verano, en París, una de las Exposiciones estrella ha sido Gustave Eiffel, Le magicien du fer, instalada en el Hôtel de Ville, un edificio que, por cierto, data de 1882, el mismo año en que se inauguraba en Logroño el puente de hierro. Por esas fechas, el mago Eiffel tenía ya construido medio viaducto de Garabit, un truco de magia consistente en elevar 122 metros de hierro en parábola. El martes vemos la reapertura del puente desde la galería de la familia Foronda-Sainz. Poti saca los prismáticos con los que caza pájaros para sus poemas. Y Gloria un cosechero de Tudelilla con el que brindamos por el hierro remozado. Un hierro con la juventud de sus hijos. En las ventanas de enfrente, logroñeses de todas las edades sacan sus cámaras. Mucho antes, en la edad del nitrato de plata, la sacó Tramullas, quien con su cinematógrafo fue el primero en filmar el puente en movimiento, luego Hermenegildo Martínez, para la casa Kodak, siguiendo con su 16 m/m a Alfonso XIII hasta la tonelería, y en los treinta Julián Loyola, que testimonió con su Contax esperantista las comitivas a la federica cruzando el ferroponto durante la guerra civil (que rompió todos los puentes). He tratado con todas estas imágenes en algún momento y la magia nocturna las retorna. De regreso del acto, subiendo ya Sagasta, nos cruzamos -otro retorno, justo y mágico- con Jesús Infante, que le restauró la cabeza a la estatua del prócer tras su decapitación en 1941 (un año de otro hierro). Jesús y Elena bajan hacia el puente cuando, ya iluminado sólo por las farolas y desmontada la ceremonia, parece un pasillo hacia la noche de su origen. Por último: ¿Podría alguien tender un puente -y que no fuera de la plata del refrán- entre el Ayuntamiento de Logroño y el Gobierno de La Rioja, o viceversa? ¿Hay algún mago en la sala?

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