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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

LA TRIBUNA DE LA RIOJA
¿El primer europeo?

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¿El primer europeo?
La semana pasada supimos que una nueva joya ha sido extraída de ese gran tesoro que esconde el yacimiento de Atapuerca. Nada menos que los restos humanos más antiguos encontrados en Europa: un fragmento de mandíbula que aún conserva varios de sus dientes y que perteneció a un homínido que vivió en esta sierra burgalesa hace más de un millón de años. Acaso uno de los primeros europeos. O una de las primeras europeas ya que el pequeño tamaño de la mandíbula parece indicar que se trató de una mujer.

Como todo gran descubrimiento, esta pequeña pieza arqueológica suscita un sinfín de preguntas. A bote pronto, ¿cómo fueron los primeros homínidos que poblaron Europa? ¿De dónde vinieron? ¿Son antepasados nuestros directos o su linaje se extinguió en algún momento de la prehistoria? Adelantemos que no es fácil dar respuestas precisas a estas cuestiones. Los restos humanos encontrados en los múltiples yacimientos que hay esparcidos por el mundo no son lo suficientemente abundantes ni detallados y existen grandes saltos temporales entre ellos. Digamos que, de la gran película que es la evolución humana, solo tenemos acceso a unos pocos de sus fotogramas y hay que deducir el resto del metraje a partir de estos incompletos vestigios. Y, naturalmente, no todos los especialistas han llegado a las mismas conclusiones así que la controversia es grande.

A grandes rasgos, parece que la película transcurrió como sigue. Hace unos 7 millones de años el antepasado común de los seres humanos y los chimpancés habitaba en los bosques que se extendían por el África Oriental. Cuando un cambio climático transformó este entorno y provocó que el bosque fuese parcialmente sustituido por monte bajo y pradera, una fracción de aquel ancestro común comenzó a evolucionar hacia una forma de locomoción más eficiente en campo abierto: el bipedismo. Andar sobre dos extremidades permitía recorrer largas distancias con menor gasto energético, otear el horizonte para detectar posibles peligros y liberar las extremidades superiores. Esta evolución condujo hasta los conocidos Australopithecus, que consisten en no menos de una veintena de especies de homínidos que poblaron esa zona de África hasta hace un millón y medio de años y cuya capacidad craneana no difería a la de los grandes simios actuales. Este último detalle es importante ya que el incremento en el tamaño del cerebro fue precisamente lo que marcó el nacimiento de nuestra estirpe, el genero Homo. Los restos del primero de ellos, llamado Homo habilis, se han encontrado en Kenia y Tanzania y datan de hace unos dos millones y medio de años. ¿Por qué se dio este aumento de cerebro? No se sabe a ciencia cierta pero es probable que tuviese que ver con un cambio en la dieta, que pasó a ser más variada y rica en calorías. Lo que si está claro es que el aumento se tradujo en una mayor inteligencia ya que junto a los rastros de Homo habilis aparecen las primeras herramientas de piedra tallada.

«Poco» después, hace unos dos millones de años, la aparición del Homo erectus, al que le cabría la denominación de «el pionero», inició la gran expansión del hombre. Previsiblemente evolucionado a partir del Homo habilis, aunque ambas especies convivieron en África durante unos cientos de miles de años, el Homo erectus tenía ya un tamaño corporal cercano al del ser humano moderno y un cerebro de aproximadamente la mitad. Suficiente materia gris para mejorar su fabricación de utensilios de piedra, y poder así complementar su dieta con carne, aunque no lo bastante para alcanzar otra gran conquista, el control del fuego, que tuvo que esperar hasta hace medio millón de años. En cualquier caso, armado con unas largas piernas que le permitían correr largas distancias y una gran flexibilidad en su alimentación, que le hacían capaz de soportar las penurias de los inviernos de climas más fríos, el Homo erectus comenzó su expansión por el resto de África, Europa y Asia.

¿Cuál fue su camino hasta Atapuerca? Desde luego no pasó por el estrecho de Gibraltar ya que sus capacidades cognitivas no le permitían una empresa de ese calibre. Generación tras generación fue poblando nuevos territorios y extendiéndose cada vez más. Hace 1,7 millones de años lo encontramos al sur del Cáucaso, en la actual Georgia, donde existe un magnífico yacimiento en el que se han desenterrado varias calaveras de este periodo. De ahí, puede suponerse que fue colonizando las zonas que rodean al mar Negro y acercándose cada vez más al oeste de Europa. No existen fósiles que garanticen esta ruta pero sí han aparecido utensilios de roca tallada de hace un millón y medio de años en Francia e Italia. Y por el camino debió de ir evolucionando ya que los rasgos de la mandíbula encontrada ahora en Atapuerca, de una edad de 1,2 millones de años, son algo distintos a los de las de Georgia.

Dejemos el relato aquí. Ciertamente quedan muchos avatares que relatar hasta la llegada del moderno Homo sapiens pero creo que hemos tenido suficiente como para abrir boca. A los que todavía les pique la curiosidad, les recomiendo una pequeña excursión. Los riojanos contamos con la gran suerte de tener el yacimiento de Atapuerca a más o menos una hora en coche. Anímense y vayan alguna vez a su parque arqueológico. Podrán ver en qué condiciones trabajan los paleontólogos que allí investigan y resolver muchas dudas sobre nuestros orígenes. Y, lo que es mejor, les proporcionará un montón de nuevas preguntas que seguirán alimentando la innata curiosidad de todo ser humano.

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