Monte Chorvo

FERNANDO SÁEZ ALDANA

Vaya por delante (o por detrás, en este caso) que no soy homófobo y respeto cualquier orientación sexual, como se dice ahora, siempre que sus practicantes sean adultos en sus cabales y la relación consentida y lícita. Así que lo que me impactó del reportaje de este diario sobre sexo asilvestrado en Monte Corvo no fue que el escarceo publicado en la foto de portada estuviese protagonizado por varones; dos caballeros magreándose mutuamente el mendruguero junto a un 4x4 como fase previa a su acoplamiento, sea por amor o por dinero, me merecen la misma consideración que dos lesbianas o una pareja heterosexual entregados a su juego sexual favorito. Lo llamativo del caso es, en primer lugar, que la faena se realice a plena luz y en un lugar concurrido. Y en segundo, la extrema cutrez del escenario amoroso o prostibulario escogido por los amantes y el obsceno exhibicionismo desplegado ante la cámara del observador. No puedo creer que un individuo con aspecto de vinatero adinerado esté tan necesitado de sexo como para tener que calzarse en bipedestación y a la intemperie a un tipo en camiseta roja sin bajarse ni los pantalones contra el todoterreno ni por celebrar el día del orgullo gay. ¿No sería un montaje, fotográfico me refiero? La lejanía del objetivo sólo sugiere pero no explicita el presunto abordaje por popa del capitán grafio* a su grumete. Aunque, pensándolo mejor, bien pudiera tratarse de un inspector de Hacienda levantándole de modo ejemplar el acta a un sujeto pasivo con el culo prieto el último día de campaña. O un alcalde erecto de la segunda lista más votada enculando con la vara de mando al líder de la oposición como remate a la sesión de investidura tras pactar con la bisagra. O un terrateniente feudal ejerciendo el derecho de pernada sobre su inmigrante sin papeles. O una pareja de actores sorprendidos en plena toma falsa de Lleno, por favor, posible última película de Almodóvar. Pensando ya muy mal, pero prefiriendo desesperadamente cualquier otra explicación a la del cutre acto sexual entre un vinatero descamisado con sobrepeso y su novio o un chapero, quién sabe si no se tratará de una llamada de atención sobre uno de los pocos terrenos sin edificar que quedan en Logroño. En cualquier caso, la comprensiva reacción del nuevo concejal de Protección Ciudadana al reportaje («esperemos que la cosa no vaya a más») tranquilizará a los practicantes de sexo duro en horario comercial y a vista de paseante, pues se conoce que para llegar a «herir sensibilidades» tendrán que sofocar sus más bajos ardores en el púlpito de La Redonda. Digo yo.

* Palabra en desuso: «Punzón para abrir ojetes y para cosas semejantes» (DRAE).