Ferrari avisa

La escuadra italiana resucita en los entrenamientos de Magny Cours

J.M.CORTIZASMAGNY COURS
IL CAVALLINO. Un mecánico apoya sus manos sobre el Ferrari de Felipe Massa. / REUTERS/
IL CAVALLINO. Un mecánico apoya sus manos sobre el Ferrari de Felipe Massa. / REUTERS

Todo comenzó ayer en Magny-Cours por el final. Si la víspera, para quitar hierro al culebrón de su equipo, Fernando Alonso decía que lo que más le había sorprendido hasta ahora eran «los neumáticos», tras las dos series consumidas en el trazado galo más de uno habrá tenido que asumir lo acaecido como inesperado.

Que Ferrari reaccione -debe plasmarlo en carrera- es cosa de tiempo. Que bajen sus prestaciones al unísono Alonso y Hamilton es menos esperado. Hasta se pusieron de acuerdo -es un decir- para no solaparse en la lectura menos positiva de lo ocurrido. En la sesión matutina, Raikkonen se ponía al timón con Massa a su lado (65 milésimas). El español encabezaba el grupo de opositores a los ferraristas, pero ya a un mundo, siete décimas en lenguaje de la F-1. A su estela no llegaba esta vez parásito alguno con idéntica carcasa. Hamilton cedió ante Rosberg y Coulthard.

Otro dato atípico. Una avería en su primera vuelta obligó a Hamilton a rumiar su enfado en el 'box' muchos minutos. Un sensor de los encargados de proteger el motor en caso de alteraciones críticas -de frío en este caso- se chivó de un fallo que no existía y el MP4-22 cumplió la orden de no andar. Primer resumen, Ferrari a sus anchas, Alonso a lo suyo, aunque lejos de las maravillas de Maranello y Hamilton sintiéndose desafortunado, que de todo debe aprender.

Autos locos

Por la tarde, la segunda sesión de 90 minutos se pareció a la fiesta final de cualquier curso académico. Los pilotos entraron en pista con los bolsillos cargados de fichas y con ganas de no bajarse de los autos locos. Más que testar reglajes o neumáticos parecían decididos a buscar el salto más largo, la oportunidad para que los fotógrafos captaran a un bólido sin relación física con el asfalto, el divertimento. O eso, o estaban muy despistados a la hora de mejorar respecto a la matinal. Casi ninguno de los primeros espadas se libraron de verse en el resumen de la jornada.

Alonso dio fe de que los 'pianos' son excelentes trampolines y con los neumáticos blandos también quiso darse un garbeo por la tierra. La primera, vaya. La segunda hasta con fortuna, pues recorrió un buen número de metros antes de volver a cruzar el asfalto en una de las chicanes cuando, afortunadamente, no llegaba ningún rival. Puestos a competir -es un común denominador en todo el que llega a la F-1-, a Hamilton también se le atragantaron las dos veloces chicanes de Magny-Cours y los ferraristas fueron los más plásticos con sendos trompos de Massa y Raikkonen, el del brasileño en asfalto y el del finés en versión gravilla.

Como había barra libre, nada paradójico en las sesiones de los viernes, Speed y Liuzzi -que previamente había chocado con Davidson en el pit lane-, los Toro Rosso mostraron su nervio al calor de la ganadería vacuna que rodea este trazado borgoñés y se dieron un homenaje al empanar a Lewis Hamilton (cuarto). Fernando Alonso, sin embargo, empleó 32 vueltas en buscar un crono que no le satisfizo en absoluto y acabó octavo.