¿Madres a cualquier edad?

SYLVIA SASTRE

Dicen que el mayor milagro es la vida. Según las estadísticas, Europa envejece (España en el primer puesto del ránking) con unas tasas de natalidad muy bajas, a la vez, la vida se alarga progresivamente: recientemente se conocían más de 80 personas vivas mayores de 110 años. La esperanza de vida aumenta (La Rioja está entre las más altas de España, especialmente entre las mujeres: 85 años) doblándose desde finales del S. XIX hasta hoy, inviertiéndose según el género (mayor hasta el S.XX) entre lso varones que entre las mujeres) y relacionándose con la alta tasa de supervivencia entre los recién nacidos hoy.

Para ajustarse a este emergente modelo de población se activan mecanismos sanitarios y socioeconómicos, la biología molecular aporta nuevas claves para responder a cuestiones sobre los límites de la vida humana, y se exigen resultados para paliar el deterioro físico y mental, precio de esta mayor longevidad.

Estamos habituándonos a envejecer y queremos hacerlo preservando las características de la juventud, incluso en la procreación: hay tratamientos hormonales, productos para potenciar la sexualidad de hombres y mujeres maduros, y proliferan las mujeres mayores de 60 años que son madres. El último caso conocido, una norteamericana madre de gemelos a los 60 años tras fertilización in vitro, declaraba que la «edad ha quedado redefinida» demostrando que la suya no es demasiado avanzada para la maternidad. No es un hecho aislado, en 2004 la Agencia de biomedicina francesa censó 113.000 tentativas de procreación asistida con 17.791 bebés nacidos; algunas estaban relacionadas con la edad avanzada de los padres, otras con enfermedades graves o cambios vitales y un deseo común: tener un hijo justificado por amplios razonamientos y motivaciones personales que, en general, suscitan cuestiones éticas relacionadas con el interés del niño a nacer.

Tener un hijo no es garante de juventud, es un proyecto muy serio de futuro para una vida que no nos pertenece y que reclama una dotación genética sana, unos padres esperables y disponibles a lo largo de la infancia y adolescencia (al menos) con plenitud psicofísica para guiar y potenciar su desarrollo. Tal vez estemos perdiendo el sentido que tiene la edad biológica para dar vida versus el deseo personal o, quizás, aquella se esté redefiniendo ¿dónde está el límite?. Una cosa es procrear para colmar un deseo de sentirse joven u otra razón personal y otra es educar a un ser humano respondiendo a sus necesidades básicas.