«El marqués de Casa Torre sólo disfrutó un año del título por el que luchó toda su vida»

Juan José de Ovejas construyó un gran palacio en Igea tras amasar una enorme fortuna en América Este noble, a caballo entre los siglos XVII y XVIII, fue militar, corregidor, comerciante y terrateniente

MARCELINO IZQUIERDOLOGROÑO
«El marqués de Casa Torre sólo disfrutó un año del título por el que luchó toda su vida»

- ¿Por qué se planteó investigar al primer marqués de Casa Torre?

- La iniciativa surgió del presidente del Gobierno de La Rioja, natural de Igea, como Juan José de Ovejas y Díaz, primer marqués de Casa Torre, y me fue transmitida por dos compañeros de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cantabria, los profesores Gonzalo Capellán y María Ángeles Barrio. Entonces investigaba la nobleza titulada en la América de los siglos XVI al XIX.

- ¿Había estudiado con anterioridad la vida de algún otro indiano?

- Contaba con una doble experiencia: por un lado, haber biografiado a un obispo anti-ilustrado de la diócesis santanderina, Menéndez de Luarca, y a un general carlista cántabro, José de Mazarrasa; y, por otro, haber estudiado la concesión de títulos nobiliarios y su compra, caso en el que se incluye al marqués de Casa Torre.

- ¿De qué fuentes dispuso?

- Además de los grandes archivos, como el General de Indias, el Histórico Nacional, del Ministerio de Justicia o el General de Simancas, el mayor fondo documental está en Irurita, en el valle navarro de Baztán, en la casa-palacio 'Jaureguía', residencia de la actual marquesa de Casa Torre, doña María Aránzazu Ruiz de Gámiz.

- ¿Cuál fue la aventura americana de Juan José Ovejas?

- Había nacido en 1682 en Igea en una familia de escasos recursos. De hecho, los Ovejas había perdido el estatuto de hidalguía, al no poder probarlo en la Real Chancillería de Valladolid y sus miembros pasaron a integrar el estado de los pecheros, es decir, de pagadores de impuestos. Como primogénito, Juan José opta por la vía de la emigración. Primero, a Cádiz, y luego, en 1702, con 20 años, a América. Viaja como 'criado' del corregidor de Carangas, en el virreinato del Perú. Al poco de llegar, deja su empleo, se traslada a Tucumán e ingresa en la milicia como 'soldado de frontera' donde lucha contra las tribus indias 'bárbaras'. Con 22 años es alférez de infantería, y poco después forma una partida de hombres armados y pagados por él mismo, fórmula habitual en América. Tras vencer a los indios mocovíes asciende a capitán de una compañía del presidio del Esteco. En 1706 pone fin a su carrera militar con los parabienes de sus superiores, sobre todo del gobernador de Tucumán, que le orienta hacia el comercio.

- De militar a corregidor

- Llega a Arica, en el Pacífico, donde confluyen la minería de la plata, la riqueza agropecuaria y el comercio interregional. Por eso, pugna por ser corregidor, cargo que logra en 1712 merced a su hoja de servicios militares, a los apoyos de personajes notables y al pago de 3.181 pesos en que la Corona vendió el oficio de corregidor. En cuatro años da su mayor paso hacia la riqueza, dadas las oportunidades de negocio que le iba a brindar tal empleo. Entabla operaciones mercantiles con los franceses, peritos en el comercio ilícito -plata y textiles, sobre todo- en el Mar del Sur, ámbito espacial demasiado grande para la capacidad defensiva de la monarquía hispana. Ovejas era la máxima autoridad gubernativa y judicial en Arica y la fusión de los asuntos públicos y los negocios privados, la corrupción administrativa, era de uso común en Indias.

Caridad y nobleza

- Tampoco olvidó la caridad.

- Ovejas despliega en Arica una intensa labor de caridad con órdenes religiosas, sobre todo con los franciscanos, a quienes construye un convento. Esa labor, interesada por los honores que habría de dar, sería un valioso argumento a la hora de solicitar años más tarde el título de nobleza.

- ¿Cómo fue su última etapa en Igea?

- Juan José de Ovejas viaja a España en abril de 1722. Le acompañan su mujer -Isabel María de Loaisa, que fallece en la travesía-, sus tres hijos -Juan José, Micaela y José-, una hijastra -Josefa Gertrudis- y unos criados. Desembarcan en Francia en 1723, once meses después, y en esa nación permanecen hasta 1724, año en que se instalan en Igea. Su paso por Francia le orienta hacia el comercio de la plata, con la que tanto se había familiarizado en su etapa indiana. Sin embargo, su avecindamiento en Igea le abre otros caminos: la adquisición de tierras y la concesión de préstamos. Compra extensas fincas rústicas en la zona de Igea que planta de olivo y vid, aprovechando la favorable coyuntura del aceite y del vino. También opera en la concesión de préstamos, estrategia tanto económica como social, pues prestar dinero a las élites sociales dotaba de estatus y daba la posibilidad de integrarse en redes clientelares, más en un sistema de interacción social, como el del Antiguo Régimen, regido por el patronazgo.

- Y en Igea dejó su sello.

- El retorno definitivo de Ovejas a Igea propició construcción del soberbio palacio, hoy imagen distintiva de la villa, que concluiría en 1729. Con esta residencia, espléndidamente equipada con muebles o vajillas, y con el privilegio eclesiástico de disponer de oratorio privado, Juan José de Ovejas alcanza un alto estatus económico y social, el modo de vida de la nobleza tradicional.

- ¿Por qué persiguió con tanto empeño un título nobiliario?

- Una de las hipótesis centrales de mi investigación es que su biografía estuvo condicionada por su pretensión de restaurar el linaje de los Ovejas, restituyéndolo al lugar que ocupó en otro tiempo: el de los 'caballeros hijosdalgos de sangre notorios". De ahí deriva el título Repintar los blasones. Poseer un título nobiliario era la máxima expresión de la notabilidad social. En su caso concreto, haber pertenecido en otro tiempo a la hidalguía y haberla perdido por motivos económicos. El marquesado de Casa Torre le resarció de pasados sinsabores sociales.

- ¿Cómo logró el marquesado?

- A través de la fórmula del 'beneficio'. La monarquía concedía la gracia de vender uno o más títulos, y el dinero recaudado destinarlo al fin por el que se había pedido dicha gracia. En el caso de Juan José de Ovejas, el monasterio benedictino de San Victorián, en Aragón, había solicitado a Felipe V la gracia de cuatro títulos nobiliarios con el fin de beneficiarlos -venderlos- y destinar lo recaudado a reedificar su deteriorada iglesia. Uno de esos títulos es adquirido por Juan José de Ovejas, que paga 22.000 ducados. Demostrada su hidalguía -su padre la había obtenido en 1730-, y alegados los preceptivos méritos -entre ellos su tarea caritativa en Arica-, el Rey le despacha el marquesado de Casa Torre. Pero el destino pareció burlarse de él, pues el título por el que luchó toda su vida iba a gozarlo bien poco, ya que moriría en mayo de 1732, apenas un año después.

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