Jornada continua

MARCELINO IZQUIERDO

Pero lo que me provoca mayor asombro no es ya el nivel de conocimiento que los agentes implicados (contertulios habituales, durante las últimas semanas, en radios, televisiones y foros de Internet) atesoran en el campo educativo, sino también en el proceloso terreno de la legislación. De hecho, no dudan en escribir, firmar y enviar a la prensa local sesudas tribunas y apasionadas cartas al director.

Que si la justicia se fundamenta en la equidad de las votaciones, que si es ilegal o amoral -desde un punto de vista democrático- ejercer la abstención, que la normativa ad hoc impuesta por la Consejería de Educación desemboca en un sistema dictatorial, que si los padres que no acuden a depositar sus sufragios están educando a sus hijos en la intolerancia y el desafuero, que sólo cuatro votos no pueden torcer la voluntad de la mayoría...

Incluso llegué a escuchar, como colofón de un programa de radio que, expuestas las razones de profesores y padres sobre la tan manoseada jornada continua, eran las urnas las que tenían la última palabra.

¿Y los niños? ¿Qué pasa con ellos? ¿Están pedagogos, psicólogos, profesores, orientadores y demás expertos educativos en total consenso sobre la bondad de la jornada continua -para el alumno, me refiero, no para padres, abuelos o maestros- frente a la jornada partida?

Y no me sirven valoraciones como las realizadas por algún centro escolar logroñés que, ya en enero, calificaba de «éxito» la jornada continua.

En algo tan complejo, delicado y a largo plazo como es la enseñanza, ¿de qué forma puede evaluarse en apenas un trimestre el éxito o el fracaso de tan crucial medida? mizquierdo@diariolarioja.com