El surrealismo de una literatura que parece inconexa, pero no lo es

JOSÉ FERMÍN HERNÁNDEZ LÁZARO

Sam Sephard es un escritor al que cuando se conoce su polifacética vida se comprende su estilo literario y no menos su modo y manera de entender la vida o, más exactamente, su propia vida porque según parece los paisajes y ambientes que describe en esta novela dan a entender que es un relato en primera persona y que se refiere a sí mismo. Por otra parte página tras página se acusa una marcada influencia cinematográfica en su modo de contar. Y se comprende. Sephard es guionista de cine. Uno de los primeros escritos para ese medio lo materializó con Bob Dylan. Fue la película 'Renaldo y Clara' en la que también actuó. Incluso tuvo una nominación al Oscar de Hollywood al mejor actor de reparto por su actuación en 'Elegidos para la gloria'. Sam Sephard es un gran novelista con un estilo muy personal y premiado en 1979 con el Pulitzer por su obra 'Buried Child'. Seguramente la mayoría de los lectores le conocerá por sus apariciones en la gran pantalla. Ha intervenido en decenas y decenas de películas entra las que se encuentra 'El informe Pelícano'.

También es dramaturgo prolífico con casi medio centenar de obras de teatro publicadas. Solamente por este curriculum podría recomendarse leerle. En 'Yo por dentro' se ofrece como más de lo mismo, más de sí mismo. Dinámica breve y expresiva, surrealista y a veces inconexa pero siempre profunda. A quien haya visto mucho cine americano este libro le parecerá un film de secos y silenciosos paisajes poblados de almas observadoras. Es el autor quien transita y nos hace transitar las páginas de esta novela por la vía de sus recuerdos, espacios que parecen imaginados pero que posiblemente no lo son. Lugares que él frecuentó, situaciones que él vivió. Habla de su mujer de la que se separó 'hace más de dos décadas' y de las relaciones con su padre y con la púber amante de su padre con la que también el protagonista de la novela llega a acostarse.

Escrito en capítulos breves su lectura se hace cómoda. La descripción de sus recuerdos -porque ése es el modo literario que utiliza, el de 'recordar'- es sucinto, telegráfico, como si los pensamientos empujaran unos a otros. Y luego en un pis plas resuelve sus pensamientos. A veces parecen inconexos pero no, el libro en su totalidad tiene un sentido único. Desempolva hechos y sucesos en los que apenas profundiza en ellos y tampoco llegan a atormentarle. Los formula sin pena ni gloria pero dan que pensar. «Nos sentamos en el porque ante la lluvia torrencial y hablamos de una isla en Alabama que se extendía hacia el golfo. Yo tuve al instante fantasías sobre el viento del Océano. Olía a gaviotas y accesorios de latón entrechocando en la bahía. Olía a pescado y a anguila. Ella me dijo que estaba todo en mi cabeza. Ondeaban palmeras». Léanlo.

Y lean si pueden su teatro. Tendrán la oportunidad de comprender los límites que la vida pone a quien va más allá de la pura contemplación.

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