Una neoyorkina irreductible

LUIS ÁNGEL ADÁN LEÓN

En términos de la caverna, nos encontramos ante otro libro de una 'feminazi' o de una feminista radical. Es decir, estamos hablando de una luchadora por los derechos de la mujer. Pero lo que ningún término puede hacernos dudar es de que nos encontramos ante la obra de una neoyorquina irreductible. Tal es así que dice que está convencida de que podría vivir feliz sin salir de su ciudad. La recorre a diario en largos paseos solitarios o acompañada por amigos y familiares. El año pasado esta misma editorial publicó 'Apegos feroces', un libro de los ochenta en el que los paseos con su madre por su ciudad le servían para describir y analizar su relación con ella y, por ende, con sus infancia, adolescencia y juventud. En éste, los paseos con su amigo Leonard, su alma gemela homosexual, sirven para agrupar anécdotas y personajes que se encuentra cada día en la calle.

En el título original, en lugar de 'Mujer singular' utilizaba el término inglés od woman, que no quiere decir exactamente lo mismo. Se puede traducir por impar, o por el que se sale de la línea, el que no cuadra en una progresión. Es el sinónimo de feminista que ella prefiere: la divorciada, la mujer sin hijos que vive sola porque eso implica mucho más que la lucha por los derechos de la mujer. Muestra el resultado de las elecciones que ella ha tomado y de las que se siente muy orgullosa.

Nueva York es literalmente una ciudad de gente solitaria (tiene el mayor índice mundial de habitantes solos), pero ella no lo siente como trágico, sino como su esencia. Por eso se dedica a deambular por sus calles y montarse en sus autobuses, para encontrarse con los otros solitarios: ancianos flacos y dignos, nonagenarias trotskistas, pordioseros deslenguados y mucha gente amable y aguda para la que la conversación es un arte, cada uno con su lenguaje particular.

Sin embargo, este no es un libro sólo de una paseante, es un buceo constante en sus propios laberintos sentimentales. Tiene ochenta años y una energía desbordante que le permite ver con ironía lo que le ha ido sucediendo. Una madre viuda e incapaz de superar la pérdida de su gran amor le permite reflexionar sobre la tragedia que la idealización romántica de sus relaciones con los hombres supone para la mujeres; de éstas valora la importancia de los gestos y la amistad en el sexo; sus amistades con otras mujeres le enseñan sobre las complejidades de la relaciones de poder. Y así va alternado los personajes de sus paseos con sus reflexiones sobre su biografía. Para ello necesita a su amigo Leonard. La suya es una relación de más de veinte años en la que todas las semanas salen juntos. Pueden ir al cine o cenar o simplemente a deambular por ahí, pero lo que nunca dejan de hacer es hablar. Ambos son brillantes e irónicos con el otro y esa relación les ha permitido sobrevivir a la dura ciudad y a sus batallas. Cada vez son más melancólicos y más frágiles pero también más elegantes y sabios, sin prepotencia ni amargura, pese a las heridas que les ha dejado la vida. La suya es una hermosa forma de lucha contra el tiempo.

Para terminar recomendaría leer antes o después 'Apegos feroces', donde destaca su sinceridad e intensidad emocional en el análisis de su relación con su madre judía del Bronx, que dicen que son las más terribles del folklore materno, nos la muestran a plena potencia a la hora de mostrar la condición femenina en aquellos momentos.

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